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HIPATIA DE CLEIA MARTINEZ MAZA por Brigantinus. 5 octubre 2009

Posted by paxceltibera in 01. DE LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA.
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La presente biografía de Hipatia firmada por Clelia Martínez Maza, profesora de Historia Antigua de la Universidad de Málaga, es probablemente la primera de muchas obras centradas en la conocida filósofa alejandrina que se publicarán a partir de ahora. El próximo estreno de una película de Amenábar centrado en dicho personaje augura un bombardeo de libros, artículos y reportajes sobre Hipatia. Permítaseme ser pesimista y suponer que buena parte de los mismos no aportarán nada: obras con más imaginación que datos o repetición de tópicos ya muy manidos.

No es el caso de la obra que nos ocupa. Hay que adelantar que de las más de 360 páginas, menos de un tercio trata sobre Hipatia en sentido estricto. El resto del libro nos muestra un interesantísimo fresco sobre la realidad política, intelectual, social y religiosa de Alejandría en los siglos IV-V. Algo absolutamente imprescindible para poder conocer en su totalidad lo que Hipatia -y su muerte- representaron.

El libro empieza con una descripción de la protagonista, conforme los datos que han llegado a nosotros, a través de las fuentes clásicas. A continuación, se hace lo mismo con su obra, y lo que podemos saber de ella, bien sea a través de fuentes directas o indirectas.
Después, se nos describe el papel del neoplatonismo en la cultura tardoantigua y cuál fue la importancia de Hipatia en el contexto de la misma, sin olvidar reseñas de otras mujeres de la época que jugaron también un gran papel en el mundo intelectual.

Los casi dos tercios restantes corresponden a una detallada descripción de Alejandría, desde todas las perspectivas: cultural, política, socioeconómica…
Concluye con las circunstancias que rodearon la muerte de Hipatia, qué sucedió en el mundo intelectual y religioso alejandrino tras el asesinato y cuál fue la huella de la filósofa en autores posteriores.

Desde el punto de vista del ritmo (si es que es lícito hablar de “ritmo” en una obra de no ficción) podemos diferenciar dos partes. Los primeros capítulos, a alguna gente pueden resultarles un tanto densos. Uno debe evitar perderse en el torbellino de nombres y lazos familiares y de amistad. Y si no se está acostumbrado a leer obras de este tipo, la parte relativa a las corrientes filosóficas, tal vez pueda parecer cargante.
En cuanto comienza la parte relativa a Alejandría (la “segunda parte”, por llamarla de algún modo), la cosa cambia.
La descricipción se hace trepidante. Por el libro desfila una sociedad que ya desde siglos atrás tenía fama de follonera, con inclinación a los disturbios callejeros.

Y es así como podemos entender en toda su magnitud las circunstancias que rodean el asesinato de Hipatia; cómo confluyeron factores religiosos, políticos y sociales; cómo se añadieron circunstancias puntuales, desencadenadas por personajes puntuales, que también resultaron ser decisivas.

Tenemos ante nosotros una ciudad dividida en cuatro: cristianos nicenos, cristianos arrianos, paganos y judíos. Vemos cómo la alternancia en el trono de Constantinopla de emperadores nicenos y arrianos, tiene su reflejo en la inclinación religiosa de obispos y patriarcas, promoviendo a los seguidores de una corriente u otra.
Podría recordar vagamente al “turno pacífico” de la Restauración, si no fuera porque de pacífico no tenía nada.
Nicenos y arrianos intentaban atraerse a paganos y/o judíos (sobre todo los arrianos) o al menos garantizar su neutralidad. Las algaradas fueron una constante. Y todos, en algún momento, jugaron el papel de víctimas o verdugos (incluso los judíos).

Un aspecto interesante es cómo se describe en la obra la evolución de la política imperial contra los paganos. Ésta tuvo un fuerte componente legalista. Incluso después de Teodosio, seguía habiendo paganos influyentes. Y aunque se prohibieran sacrificios y cultos públicos, las facciones paganas todavía conservaban fuerza, y las autoridades imperiales se veían obligadas a mediar en los enfrentamientos con los cristianos. A modo de curiosidad, aunque se cerraran los templos paganos, las autoridades protegían los mismos, y las imágenes que había en su interior (a pesar de la tendencia de los cristianos a destruirlas, considerándolas medios de los demonios para manifestarse en el mundo terrenal)

Todos buscaron crear un tejido de redes clientelares. Y neutralizar el de los rivales. Se convierte así Alejandría en un tablero de ajedrez geográfico y social: los arrianos dominan los barrios periféricos, los nicenos el centro, los paganos Rhakotis, todos se pelean por el control de la vía Canópica y edificios públicos adyacentes… los arrianos cuentan con los pastores del distrito periférico de Bukolia como auténticos escuadrones de asalto; los nicenos tienen los suyos propios (especial mención para los monjes); y los obispos de dicha corriente tienen en las tripulaciones de los barcos unos de sus más fieles seguidores.
Los paganos tampoco se andan con bromas: Olimpio, en sus clases de retórica, se jacta ante sus alumnos de haber matado con sus propias manos a nueve cristianos, durante los disturbios.
Alianzas y enfrentamientos se suceden…

Otro aspecto interesante muy bien reflejado es el paganismo de la época: la noción de Hipatia como encarnación de la Razón, por parte de autores posteriores (sobre todo del siglo XVIII en adelante), frente a la religión y el fanatismo, ha llevado a ver el paganismo como algo excesivamente identificable con los valores racionalistas contemporáneos. Nada más lejos de la realidad. Tenemos entre ellos (incluidos neoplatónicos) prácticas sacrificales sangrientas, creencias mágicas y rituales esotéricos de origen caldeo. Amén de no tener empacho en tomar parte (muy) activa en los disturbios, incluso manchándose las manos de sangre (véase el citado ejemplo de Olimpio)
No es, sin embargo, el caso de Hipatia: las fuentes de la época no nos la muestran implicada en los enfrentamientos. De hecho, se movió en círculos intelectuales y académicos en los que convivían paganos y cristianos, lejos de cualquier división estanca.

La muerte de Hipatia es la culminación de una serie de enfrentamientos políticos y religiosos en los que había permanecido al margen.
Una muerte que siguió a la destrucción del Serapeo. Un episodio cuya importancia ha quedado eclipsada por la muerte de la filósofa aunque, como recuerda la autora del libro, fue decisivo para dejar herido de muerte el poder pagano en la ciudad. De hecho, Martínez Maza dedica más espacio a describir las circusntancias de la destrucción del Serapeo que el asesinato de Hipatia (bien es cierto que del primer hecho se conserva más información)

Hay que resaltar que la autora rechaza una interpretación que ha tenido bastante aceptación: que los conflictos entre paganos y cristianos en Egipto tenían un componente “nacionalista”; la población autóctona veía en el cristianismo una fe con unos vínculos geográficos y culturales próximos al mundo egipcio, con la que plantar por fin cara a siglos de postración a manos de griegos y romanos.
Martínez Maza no comparte esta opinión, y muestra cómo el cristianismo alejandrino arraigó y prosperó precisamente de la mano de personajes vinculados al mundo griego.

Se trata por tanto de una obra interesantísima y muy recomendable. Que probablemente quedará muy por encima de otras biografías (sospecho que la mayoría noveladas) u otras obras con planteamientos simplistas o maniqueos, que pueden empezar a chupar rueda a partir del mencionado estreno cinematográfico.

El libro incluye al final un cuadro cronológico de varias páginas de extensión, situando los principales acontencimientos y personajes de la época, una extensa bibliografía y un -siempre de agradecer- índice onomástico. No se incluyen notas, ni al pie ni al final.

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