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GOLDBERG VARIATIONS. Elena Barshai por Egonius. 28 febrero 2009

Posted by paxceltibera in 03.DEL ARTE Y LA CULTURA EN GENERAL.
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BACH. Goldberg Variations.
Elena Barshai, Metzler Organ.
Grabado en otoño 2007.
Brilliant Classics.

Cuentan que el origen de las celebérrimas Variaciones – de nombre original ¡“Aria mit verschiedenen Veränderungen vors Clavicimbal mit 2 Manualen”!- era pretendidamente soporífero: nacieron para entretener al conde Von Kaiserling durante las largas noches de insomnio y de paso, facilitarle el sueño.

Tal vez el asunto sea más pragmático. De hecho, las mismas podrían ser una contraprestación a dicho noble porque este, el conde, intercedió para que Bach pudiera ocupar el cargo de Compositor de la Corte en Dresde. Los padrinos no son un invento del cine.

Dicen que el joven Goldberg era un virtuoso del teclado. Bach, que no era tonto, pudo ver en él al intérprete ideal para sus variaciones, que aunque vieron la luz en 1741, llevaban años gestándose. Goldberg era clavicordista en la corte del conde y Von Kairserling recompensó ampliamente a Bach por la obra – unos 500 táleros, que no se cuanto será en euros-.

Las Variaciones Goldberg se componen de un tema principal, con la forma de Aria – es decir, para ser cantada-, seguida de treinta variaciones de la susodicha y otra final, que cierra la obra. En cada una de las variaciones persiste un fondo armónico aunque las melodías pueden variar. Digno trabajo del que, para muchos, es el mayor contrapuntista de la historia.

No es una obra sencilla. De hecho, es música, para ser escuchada – no es un soniquete de fondo-. Admirar las Variaciones requiere de un proceso de escucha para comprender sus progresos y numerosos matices, imposible de apreciar en una simple audición – al menos, para el común de los mortales-.

En esta edición de Brilliant, la interpretación corre a cargo de Elena Barshai, en el órgano Metzler de la iglesia de St. Pedro y Pablo, Villmergen, Suiza. Tal y como le hubiera gustado al organista Bach… mejor que al piano, a pesar de Glenn Gould. O tal vez no, porque lo cierto es que suenan muy diferentes. No olvidemos que las variaciones no estaban destinadas al órgano, cuyo sonido es ajeno al del clavicémbalo. Y en este sentido, también se diferencian de las propias composiciones de Bach para órgano, es lo bonito de la interpretación intra-instrumental – la palabreja es mía, creo-.

Una virtud del órgano es la gran variedad de tonalidades y expresividad que posee frente al clavicémbalo, aunque, personalmente, soy un gran admirador de este último – y me gusta más que el órgano-. La Variación 26 es un buen ejemplo del acierto de hacer una versión en órgano. Magnífico.

El trabajo de Barshai nos acerca a un Bach diferente y a unas variaciones únicas, casi nuevas. Un lujo.

Elena Barshai estudió en el conservatorio de Moscow donde obtuvo tres títulos de solista: piano, clavicémbalo y órgano. En este último, además, obtuvo el doctorado. En 1978 marcha de la URSS, concertando con numerosas orquestas del mundo y labrándose una lujosa reputación a las teclas acompañada de su amplio repertorio que abarcada desde el Barroco a la música Romántica sin desdeñar incursiones en maestros del XX y vieja escuela rusa de órgano.

Cuesta creer que el conde se durmiera con esta obra. ¡Habrá que ser noble!.

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