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OPERACION WALKIRIA por Egonius. 13 abril 2008

Posted by paxceltibera in 03.DEL ARTE Y LA CULTURA EN GENERAL.
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OPERACIÓN WALIKIRIA (STAUFFENBERG)
2004

El 20 de julio de 1944 el coronel Claus Von Stauffenberg materializaba el sentir de un amplio sector del ejército alemán. Una bomba estallaba junto a Hitler, en su propio bunker y en torno a su estado mayor.

Este hecho es tan famoso como poco conocido.

Tal y como se narra en la propia película, los ingleses se negaron a participar en este atentado y facilitar ayuda a los conspiradores. Atentado que, de haber tenido éxito, habría finalizado la guerra un año antes, ahorrando millones de víctimas civiles y militares a todos los bandos, así como la destrucción total de Alemania.

Jo Baier también nos relata, demasiado de pasada, tal vez, el contenido de la Operación Walkiria. Operación que ante el rumor de la muerte de Hitler se puso en marcha con un notorio éxito y que evidencia, aun más, el escaso apego que sentía una gran parte del ejército hacia la política nazi.

Formalmente, Operación Walkiria destila el estilo documental por los cuatro costados, aunque con un ritmo, en mi opinión, demasiado frenético. Treinta minutos adicionales y algo más de profundidad en los hechos históricos habrían conseguido un film memorable. Sin embargo, deja un pequeño regusto a “no haberte enterado del todo”. Tal vez sea la intención del director, con el fin de invitar al espectador de la cinta a profundizar, por su cuenta, en este acontecimiento crucial de la guerra.

Decimos crucial porque a parte de influir en el carácter de Hitler, de forma definitiva, hasta el final de sus días (tal y como nos cuenta, por ejemplo, Roper y Fest en sus respectivos libros sobre el fin del III Reich), acabó con la vida de cientos de alemanes, militares – incluyendo los de alta graduación, algunos clave- o no, acusados, con mayor o menor razón de conspiradores. Rommel (aunque este no aparece en la narración), Beck, Fromm, Hoepner, etc son algunos de los más famosos, sin olvidar al propio Stauffenberg.

Especial dramatismo es el suicidio del general Beck, con dos disparos en la sien que no acaban con su vida, delante del resto de oficiales implicados en la conjura y los que no, hasta que han de darle el tiro de gracia para acabar su agonía. Curioso que, por fin, se dignen a contar en imágenes el sentir del soldado alemán para el cual, el suicidio es una muerte honrosa, lejana de la cobardía o el fin de evitar responsabilidades, tal y como han vendido otro tipo de fuentes tendenciosas.

En la actualidad, nos cuenta Bárbara Kohm que en el subconsciente alemán perdura la idea de que estos conjurados fueron traidores a Alemania; sentimiento aderezado por la propaganda de los aliados, tras la guerra, muy interesados en hacer pasar a la historia un pueblo alemán con cuernos y rabo, ansioso de sangre y venganza.

Tal vez, estos militares golpistas no fueran más que unos ambiciosos traidores con el fin de conservar sus privilegios. En cualquier caso, lo importante es que esta película elude los tópicos sobre el tema y cuenta la otra historia, la que ha pasado sin mención, tanto por los libros de texto como por las salas de cine.

Es una cinta arriesgada, motivo por el cual, como tantas otras, Sophie Scholl, por ejemplo, pasan sin pena ni gloria ante el gran público, en detrimento de aquellas más políticamente correctas, lacrimógenas, mórbidas, subjetivas y aberrantes para la más mínima de las capacidades racionales.

Una buena película que, junto con El Hundimiento, motivará a la reflexión de aquellos que gusten de este ejercicio.

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