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LA ULTIMA CAMPAÑA DEL EMPERADOR NAPOLEON por VV.AA. 3 octubre 2007

Posted by paxceltibera in 08. LOS LIBRICOS..
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LA INDEPENDENCIA DE AMERICA.
Emilio Ocampo.
Ed. Claridad 2007.

Por Egonio. 

Decía Max Gallo, hace más de diez años, con motivo de su novela sobre Napoleón, que este, el Emperador, había sido el hombre más homenajeado, en cuanto a libros se refiere.

Lo cierto es que no solo los historiadores han rociado miles de folios con tinta hablando del corso. La literatura nos ha mostrado algunas de las más bellas recreaciones, no exentas de cierta fantasía, fruto de la emoción, como es el caso de Victor Hugo en su magna e inolvidable obra de “Los Miserables”.

Así, me atrevería a decir que, entre unas cosas y otras, todo el mundo sabe algo de Napoleón. Ya sean sus campañas, sus batallas, su truculento ascenso al poder o su romance fatídico con la hiriente Josefina. Por no hablar de que fue desterrado un par de veces de Francia y que, tal vez, el destino fue la causa de su derrota en Waterloo.

Algunos, meros aficionados a esta figura, hemos prestado atención con mayor o menor rigor a estos y otros puntos del oficial de artillería. Y en mi caso, reconozco que hubo un tiempo en que este señor me tuvo en un puño.

Sin embargo, soy de esos que perdieron el interés con su caída. De hecho, cuando este parte para Santa Elena, en mitad del Atlántico, por lo menos, a mi, no me interesa el final de su vida. Mucho menos las infinitas especulaciones al respecto.

Suerte la mía porque el viento de la pampa me mandó noticias de allende los mares bajo la pluma de Emilio Ocampo, economista y gran aficionado e investigador de la historia. Argentino de nacimiento, ha colaborado con numerosos artículos en la revista Todo es Historia hasta que fue a parar a los archivos de Inglaterra, España y Francia, rebuscando información sobre la independencia de América. O mejor, deberíamos decir, independencias.

El caso es que de la información recopilada nace el libro que nos ocupa, de largo nombre: “La última campaña del Emperador Napoleón. La independencia de América”. El título no dejará impasible a ningún aficionado a la obra del emperador francés. ¿Qué tiene que ver la independencia de América con la figura de este hombre?. Bueno, a priori, podemos responder que el general es hijo del mismo pensamiento revolucionario que provocó la independencia de los EE.UU. ¿Acaso hay más?.

Ocampo defiende la hipótesis de que si, hubo más, de hecho, mucho más. Y la defiende con numerosa información de primera mano: cartas, diarios, confidencias, documentos oficiales, etc… entre el Emperador y sus allegados, en Santa Elena y sus seguidores, repartidos por medio mundo, desde los Alpes, a los Andes, pasando por Londres, París, Valparaíso, Portobello o Buenos Aires. En pocas palabras, que Napoleón no estuvo falto de trajín sus últimos momentos en la islita del Atlántico.

La historia de Napoleón no acabó tras Waterloo. Desde luego, cualquiera que haya intentado entender la mente de este personaje, no habrá dejado escapar que el idealismo y la ambición fueron algunos de los ejes de su esencia vital. No resulta extraño pensar que, Napoleón, pasada la depresión inicial de verse tan lejos de su bastón de poder, rumiara, alentado por personajes de mayor o menor relevancia, un regreso. ¿Por qué no?, Lejos de Francia, donde una segunda vuelta sería casi un suicidio. Pero… ¿y América?. Acaso las ideas liberales y nacionalistas, tan queridas por el corso, no calaban hondo en la población americana. Acaso no era el lugar propicio para una nueva campaña, la última campaña del Emperador, como reza el título del libro que nos ocupa.

Desde luego, no es inverosímil. Máxime en un hombre que no dudó en querer unificar Europa entera, que doblegó emperadores, reyes y Estados, que dirigió a sus hombres, convencidos y fanáticos, hasta las más delirantes campañas, desde el calor abrasador de Egipto hasta el hielo ruso. En mi opinión, si alguien es capaz de dar contenido a la idea que nos muestra Ocampo, no podría ser otro que el propio Napoleón.

Entiéndase bien que el autor no nos cuenta unos futuribles. Mucho menos, nos narra una fantasía del tipo “Napoleón escapó a Francia y allí murió de viejo como adinerado comerciante”. Napoleón murió en Santa Elena, salvo que se demuestre lo contrario. Lo que Ocampo nos muestra es toda una amalgama de ideas con el mismo fin: rescatar a Napoleón y darle un trono en América. Así, nos pone en evidencia cómo muchos de sus antiguos colaboradores y aun otros nuevos, conspirarán para poner los cimientos de tan extraordinaria aventura. Cómo detrás de la historia de algunos movimientos liberales e independentistas americanos operaba la mano del Emperador, a través de sus citados aliados y camaradas.

Una campaña apasionante, aun la última del Emperador.

Por Egonio.

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ANTECEDENTES por Egho.

A la mayoría (por no decir a todos) de los hispanoamericanos Emilio Ocampo nos sorprendió con su obra, obligándonos a replantearnos hechos históricos que creíamos resueltos.
No porque se ignoraran las tentativas y el interés de Napoleón en la emancipación de los Virreinatos Españoles en América. Sino porque hasta ahora nadie había sugerido la elaboración de un plan estratégico tan ambicioso; propio del gran corso, a ejecutarse después Waterloo, mientras soportaba la prisión en Santa Elena.
Nadia había indagado tan profundamente sobre el accionar de los oficiales franceses en las campañas por la emancipación de los Borbones. Muchos, me incluyo, pensamos que esos oficiales, después de Waterloo, venían de la “mano de la masonería” francesa., reitero nadie supuso que su accionar obedecía a un plan orquestado prolijamente por José Bonaparte como parte de una estrategia política ideada por Napoleón.
Y en honor a la verdad debimos intuirlo, fuimos cortos de vista, pues era casi axiomático que un “genio político” no podía terminar sus días en la “pax sepulcral” de una prisión en el confín del mundo.
James Parton dice, que ya en 1793, Francia (gobierno revolucionario) envió un embajador (Edmon Genet) a los Estados Unidos para proponer un plan tendiente a apoderarse de los territorios de Florida y Luisiana (colonias españolas) que Washington desechó ante el temor de un enfrentamiento directo con España. Por su parte Carlos Villanueva señala que en esa misma época Jacques Pierre Brissot propuso al gobierno francés apoyar a Francisco Miranda con el envío de una expedición tendiente a lograr la independencia del virreinato de Nueva Granada. Y aunque los graves hechos acaecidos en Francia dejaron de lado estos planes la idea quedó latente en las aspiraciones políticas de ese país.
A fines 1799 con Napoleón en el poder renacieron las aspiraciones políticas para con América. En 1800 Napoleón firmo un tratado con España por el cual Francia recupero los territorios de la Luisiana. Según Ocampo Napoleón ya pensaba en hacer de ese territorio “la cabeza de un vasto imperio”. La base de operaciones seria Haití, estratégicamente ubicada, en el mar caribe, en las rutas que conectaban América y Europa. Pero los “esclavos” de la isla decidieron otra cosa y frustraron por algún tiempo el plan napoleónico. Alexandre Petiòn derrotó y diezmó –con ayuda de una epidemia de fiebre amarilla- a la “grande armée” de Napoleón en América. Colgué hace un tiempo en la sección; Historia del Mundo un articulo sobre los acontecimientos que terminaron con la independencia de Haití, primera colonia de América (si se exceptúa a EEUU) en lograr la emancipación. Después de este contratiempo y ante la imposibilidad de defender la Luisiana el corso decidió venderla a los Estados Unidos.
Al ser Francia aliada de España -y recibir subsidios de ésta-, Napoleón desechó por el momento cualquier acción contra sus territorios en América. Entonces centro su accionar en las posesiones portuguesas en América. Olivier Baulny comenta en un articulo publicado en la revista del Instituto Napoleón (1971) que el Conde Liniers le presento a Napoleón, en 1803, un plan para conquistar Brasil desde Bs. As., pero la guerra con Inglaterra requería toda la atención del Emperador y el plan quedo postergado para mejor oportunidad.
En 1804 la Royal Navy, por orden de Pitt, interceptó una escuadra española frente a las costas de Cádiz, y pese a que España era neutral en la guerra, los ingleses capturaron la escuadra, previo hundimiento de una fragata, y se alzaron con un botín de mas de dos millones de libras esterlinas en oro y plata que venia del Perú, vía Buenos Aires. La excusa de los ingleses fue que ese cargamento de oro y plata iría a parar a manos de Francia para financiar la invasión a Inglaterra. Como resultado de ese certero ataque España le declaró la guerra a Inglaterra y se alió formalmente a Francia.
En 1807, como un año antes, los ingleses fueron derrotados, pese a los 10.000 hombres enviados, en su intento por conquistar el Virreinato del Río de la Plata, el jefe de la fuerzas de Buenos Aires era Jacques Liniers, a la sazón oficial de la armada española, demás esta decir que el primero en enterarse de esta derrota de los ingleses, la mayor sufrida hasta ese entonces por el Reino Unido, fue Napoleón.
En 1808 Francisco Zea (Colombiano) por ese entonces residente en Madrid envió a Napoleón un memorando proponiendo extender el “nuevo orden” napoleónico a todos los territorios de América. A su vez dos enviados de Buenos Aires presentaban a Joseph un plan para invadir Brasil e incorporarlo al imperio napoleónico. Es de destacar que en ese entonces el Virrey del Río de La Plata no era otro que Jacques Liniers, años antes su hermano el Conde de Liniers “había propuesto un plan similar”. Napoleón decidió enviar un emisario con instrucciones para Liniers; la elección recayó en el Márquez de Sassenay. Nada se sabe de esas instrucciones el Márquez después de entrevistarse con Liniers es enviado a Montevideo a pedio de Elio (gobernador) encarcelado y mas tarde enviado a Cádiz. Liniers es depuesto y reemplazado por Cisneros. Sobre los agentes de Napoleón enviados a las capitales de América hay extensas bibliografías; ofrecieron ayuda, tropas, material de guerra, pero en general estas tratativas no consiguieron sus propósitos. Es que la mayoría de los criollos que querían emanciparse de la monarquía no confiaron en los enviados franceses. Los agentes de Napoleón encontraron mayor acogida en México, pero no así en el resto de América.
A partir de 1810 se producen movimiento revolucionarios en Caracas, Buenos Aires y Santiago, en ellos participaron, hasta Guayaquil en 1822(*), dos bandos bien definidos; los decididamente republicanos (que según Ocampo buscaron el apoyo de Francia y los Estados Unidos) y los inclinados al régimen monárquico (que buscaron la protección de Inglaterra).
Napoleón había ofrecido a Madison (presidente de los EEUU) la venta del territorio de La Florida –por 2 millones de dólares- a cambio de la cooperación de los Estados Unidos “para proporcionar equipamiento militar y asistencia a los rebeldes americanos y proteger los convoyes franceses”. La invasión a Rusia y la guerra entre EEUU e Inglaterra, postergo nuevamente los planes napoleónicos. A partir de 1812, si bien es cierto que la masonería inglesa apoyo a los rebeldes americanos, Inglaterra con Castleragh a la cabeza apoyo decididamente a los borbones. Luego de la campaña de Rusia Napoleón continuo apoyando la causa de la independencia americana, pero la derrota de Leipzig, la abdicación de 1814, los cien días y Waterloo dieron final a los planes de Napoleón para América, al menos eso creímos la mayoría de los observadores de la historia de nuestro continente.
Ocampo nos convencerá de lo contrario…(*) A mi modo ver esto quedo definido en Guayaquil.
Para Ocampo después de Ayacucho en 1925.

Salud

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