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Salamanca – 1936 por Hartza. 30 septiembre 2007

Posted by paxceltibera in 01. DE LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA.
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“Venceréis, pero no convenceréis”

En el paraninfo de la Universidad se celebró el 12 de octubre un acto con la presencia de la mujer de Franco, Carmen Polo y allí el General Millán Astray arremetió contra los nacionalismos vasco y catalán. Y fue allí donde Miguel de Unamuno fue implacable al contestarle aquella frase que ha hecho historia, “Venceréis pero no convenceréis”.

En el libro La guerra d´Espagne, de Hugh Thomas se puntualizan las circunstancias y la forma en que don Miguel de Unamuno pronunció, dirigiéndose a los militares españoles totalitarios y particularmente al energuménico general Millán Astray, la frase “Venceréis, pero no convenceréis”, que ha recorrido ya todo el mundo. He aquí cómo y cuándo fue pronunciada, según dicha versión: “Fue en octubre de 1936, en Salamanca, donde se hallaban los sublevados. En homenaje a la raza tuvo lugar una ceremonia oficial en el anfiteatro de la Universidad. La presidía, como rector, Miguel de Unamuno. En presencia de la señora Franco, del gobernador y del obispo, el General Millán Astray comparó las provincias republicanas vasca y catalana a “cánceres en el cuerpo de la nación”. El fascismo que “devuelve a España su vigor”, prosiguió Millán Astray, sabrá extirparlos cortando carne viva. Un falangista gritó la divisa del general: “¡Viva la muerte!”.

Unamuno respondió: “Acabo de oír un grito mórbido y falto de sentido “¡Viva la muerte!”. Y yo, que he pasado la vida tallando paradojas que irritaban a quienes no sabían comprenderlas, os digo que esta paradoja bárbara es para mí repugnante. El General Millán Astray es un mutilado. Digámoslo sin segunda intención descortés; es un inválido de guerra. Cervantes lo fue también. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados mutilados en España. Y habrá pronto mucho más si Dios no acude a nuestra ayuda. Yo sufro al pensar que el general Millán Astray pudiera fijar las bases de una psicología de masas. Un mutilado que no tiene grandeza espiritual de un Cervantes busca habitualmente el consuelo en las mutilaciones que pueda causar en torno suyo”.

Al oír estas palabras, Millán Astray rugió: “¡Muera la inteligencia!”. El grito en el que el fascismo coincidía con el nazismo. Y Unamumo agregó, sabiendo bien que firmaba su propia condena:

“Vosotros profanáis el templo de la inteligencia del que yo soy el gran sacerdote. Venceréis, pero nunca convenceréis. Pues para vencer sería preciso que persuadierais. Y para persuadir sería necesario que tuvierais lo que os falta: la razón y el derecho en la lucha”…

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