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LA FALANGE ESPAÑOLA por Hannon. 29 septiembre 2007

Posted by paxceltibera in 01. DE LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA.
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ANTECEDENTES. 

Tras el golpe de estado del general Primo de Rivera, en 1923, se constituyó en 1925, la Unión Patriótica, alejada del estilo de los partidos fascistas autoritarios.
Los anarquistas, que permanecieron hostiles, fueron duramente reprimidos, A principios de 1930, Primo de Rivera se vio obligado a dimitir. El 2 de mayo de ese mismo año, su hijo, José Antonio Primo de Rivera fue nombrado vicesecretario de la Unión Monárquica Nacional que, sin embargo, no prosperó.
En medio de la confusión, la Corte trató de conquistar el apoyo popular, convocando la celebración de elecciones municipales para el 12 de abril de 1931.
El 14 de abril, ante la falta de apoyo, Alfonso XIII abandonó el país. Ese mismo día fue proclamada la República.

Durante los primeros días de la República surgieron dos nuevas expresiones del nacionalismo español en Madrid. Por un lado, la aparición del pequeño grupo denominado Partido Nacionalista Español. Por otro lado, la publicación del semanario La Conquista del Estado, fundado por Ramiro Ledesma Ramos. Un semanario de tono revolucionario y socialista, pero apoyado por los representantes más poderosos y conservadores de la clase capitalista.
El Partido Nacionalista Español fue declarado ilegal.

En cuanto a La Conquista del Estado, en su manifiesto defendían que: el nuevo Estado suplantaría a los individuos y a los grupos, y la soberanía última residiría en él y sólo en él; la exaltación universitaria; la articulación comarcal de España; la sindicación de las fuerzas económicas será obligatoria y en todo momento atenida a los fines más altos del Estado.

Ledesma trató de apelar a todas las fuerzas revolucionarias no marxistas de España.
Paralelamente, en agosto de 1931 surgía en Valladolid, bajo la dirección de Onésimo Redondo Ortega, un grupo de similar ideología; las Juntas de Acción Hispánica.
Tanto Ledesma como Onésimo Redondo eran nacionalistas y revolucionarios autoritarios antimarxistas, por lo que ambos salían ganando con la unión de sendos grupos, que se lleva a cabo en octubre de 1931, pasando a denominarse el nuevo grupo Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Como emblema adoptaron las flechas y el yugo de los Reyes Católicos.
Era la unión entre el nacionalismo católico y el fascismo, y respondía a un intento de aunar fuerzas ante la escasez de medios.

El credo de las JONS estaba constituido por 5 puntos fundamentales:

– La unidad de España.
– El respeto a la tradición religiosa.
– La apelación a la juventud ( la afiliación estaba limitada a los menores de cuarenta y cinco años).
– Un antimarxismo furibundo.

– La resolución socioeconómica mediante la sindicación obligatoria, el control público de la riqueza y la “dignificación plena de los trabajadores” ( en realidad perseguían las ideas marxistas identificadas con la defensa de las clases trabajadoras)

Como reconocería el propio Ledesma, las JONS tuvo una actividad nula en el año 32.
Al preconizar la revolución económica como uno de sus principales objetivos, se ganaron la enemistad de la derecha, y su nacionalismo les había separado de la izquierda. Cualquier posibilidad de éxito quedaba bastante remota.

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

El único grupo derechista que no fue barrido por la proclamación de la República en 1931 fue la Comunión Tradicionalista, organización política de los carlistas.

La mayoría política, los “alfonsinos”, después de unas negociaciones en París con don Alfonso, organizó Renovación Española, que actuaría legalmente bajo la República y permitiría encubrir los esfuerzos encaminados a la restauración monárquica.
Acción Popular, el arma política de Acción Católica, se convirtió en el eje de la nueva federación que representaba a las fuerzas de la derecha española. Se configuró así
La CEDA, la Confederación Española de Derechas Autónomas, con Gil Robles como jefe y el pleno apoyo de la Iglesia.

Poco después de la caída de la monarquía, José Antonio Primo de Rivera se presentó como candidato a diputado, pero fue derrotado.

Con al ascenso, en 1933, de Hitler al poder en Alemania, el panorama español dio un giro hacia la derecha y apareció el fascismo de forma explícita.
En este contexto surgió El Fascio , cuyo fundador solicitó la participación de Ledesma y de José Antonio Primo de Rivera, coincidiendo ambos por vez primera.
El primer número de El Fascio se publicó el 16 de marzo de 1933. El gobierno confiscó la edición y prohibió posteriores ediciones. José Antonio encontró un firme colaborador en Ruíz de Alda, el famoso aviador que había acompañado a Ramón Franco en el primer vuelo transatlántico hasta Buenos Aires, en 1926. Ambos deseaban fundar un movimiento fascista. Los financieros derechistas aportaron enseguida la ayuda económica necesaria y a principios del verano de 1933, ya estaban divulgando la existencia de un modelo idealista del nacional sindicalismo. Ambos trataron de convencer a García Valdecasas para que disolviera su Frente Español, y se uniera a ellos.
También estudiaron la posibilidad de unir sus fuerzas con las JONS de Ledesma, pero éste interrumpió las conversaciones.
El gobierno convocó nuevas elecciones para noviembre del 33. José Antonio hizo públicas simultáneamente su candidatura para las Cortes por Cádiz y la fundación del nuevo movimiento, la Falange Española.

LA Falange ESPAÑOLA

El domingo 29 de octubre de 1933, durante un mitin político celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid, José Antonio hizo público el nacimiento de la Falange Española, bajo la dirección tripartita de Primo de Rivera, Ruíz de Alda y García Valdecasas.

En cuanto a las características ideológicas del nuevo partido, son:

– El afán de la Falange por recobrar la grandeza de España era de espíritu conservador y hasta retrógrado; identifica la “edad de oro” con el siglo XV, la época de los Reyes Católicos.
– El nacionalismo (que no admitía el separatismo catalán y vasco ni el “colonialismo” extranjero en tierra española, (tal como la presencia británica en Gibraltar).
– El imperialismo (“España o es un imperio o se deshace”).
– El catolicismo ( la religión española tradicional; se concebía al auténtico falangista como “mitad monje, mitad soldado”).
– Creencia en la suprema autoridad del ejército y una admiración sin límites por los valores militares.

Se mantenía la creencia de que la sociedad debe estructurarse según criterios funcionales ( y, por consiguiente, elitistas) que debían aceptar y respetar los miembros de la misma.

(En cuanto a su denominación como Falange, Sheelagh Ellwood argumenta que es en recuerdo de la Falange romana de los césares, mientras que, por ejemplo, Ricardo de la Cierva, alude a la Falange de Filipo II de Macedonia.

Pues bien, los romanos sólo tuvieron formación en Falange muy al principio de su historia, en el s.V a.C, desde luego no en época de los “césares”, como dice la autora. En cuanto a de la Cierva, no pienso que fuera ese el sentido que se le pretendía dar, por cuanto la Falange macedónica, si bien era una formación sumamente compacta, responde a una organización monárquica.

Así, pienso más bien que se podría hablar de la Falange hoplita de Esparta o Atenas, desde el s.VIII hasta el s.IV a.C , que, en efecto, responde a la máxima de “prietas las filas” y reflejaba la idea de un sentir colectivo mucho mejor que la macedónica).

La clientela falangista estaba formada por miembros de las clases medias que admiraban a la clase culta y aspiraba a su estilo de vida y sus valores. Así, durante los tres primeros meses, la Falange pasó a tener un número mayor de afiliados que las JONS.

Los fundadores de Falange Española intentaron evitar dar la sensación de que su partido era una transcripción del Movimiento Fascista Italiano.
A los quince días de la fundación,García Valdecasas , emprendió su viaje de bodas y no volvió al partido.

En las elecciones generales del 33, José Antonio alcanzó el segundo lugar de la lista derechista de Cádiz consiguiendo un escaño al que no renunció pese a haber admitido que despreciaba el sistema parlamentario.
A fines del año 33, la situación tanto de la Falange como de las JONS era crítica, con una absoluta falta de fondos.
El principal sostén de la JONS, los estudiantes, desertaban en masa para ingresar en la Falange. Por otra parte, a José Antonio no le vendría nada mal estar respaldado por un partido que compartía ideología. Así, el 13 de febrero de 1934 se procedió a la fusión de ambos grupos. La organización resultante pasó a llamarse Falange Española de las JONS. El movimiento unificado sería dirigido por un triunvirato integrado por José Antonio Primo de Rivera, Ramiro Ledesma Ramos y Julio Ruíz de Alda.

En lo sucesivo, la ideología fascista adoptó el tono estético de José Antonio y una gran parte de su contenido práctico de Ramiro Ledesma.
Desde el principio, fueron los estudiantes, los que respondieron con mayor entusiasmo a la propaganda falangista, pero no eran más que una minoría dentro del estudiantado de la nación.

Surgió así el SEU, el Sindicato Español Universitario que, en la órbita de la Falange, tenía como primer objetivo destruir la FUE, Federación Universitaria Escolar, asociación estudiantil de carácter socialista liberal.
José Antonio explicó en el mitin de la comedia que la violencia estaba plenamente justificada en su lugar y momento adecuados.

Cuando salió a la calle en semanario FE, empezaron los problemas, los socialistas presionaron a los vendedores de periódicos para que no los vendieran. Hubieron de ser lo miembros del SEU los que vendieran el periódico.

Entre el 2 de noviembre del 33 y el 9 de febrero del 34 murieron 7 falangistas.
Los conservadores y reaccionarios exigieron una táctica más agresiva, pero José Antonio aborrecía la idea de violencia física indiscriminada. Finalmente, para apaciguar a los falangistas más radicales autorizó las represalias, aunque nunca se asoció personalmente a su realización. Comenzó así, la carrera de violencia.

Hacia mediados de 1934 resultaba evidente que la Falange no había logrado producir ninguna impresión en el panorama de la política española.
El apoyo de la derecha fue desvaneciéndose, primero por el tono literario de la propaganda falangista y luego por la radical actitud a favor de la justicia social adoptada en la segunda mirad de 1934.
José Antonio tenía buen cuidado de no perder el contacto personal con los monárquicos ricos, la verdadera fuerza de la extrema derecha. Los monárquicos estaban interesados en utilizar la Falange, siempre que pudieran controlarla.

En agosto de 1934 Primo de Rivera y Antonio Goicochea, líder de Renovación Española, partido de clara ideología monárquica, firmaron un pacto. Según este pacto, la Falange recibiría el apoyo económico de Renovación Española, gracias al cual crearon la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS), que tuvo un rápido y fugaz éxito.
A primeros de octubre entraron a formar parte del gobierno tres miembros de la CEDA y los socialistas se prepararon para la rebelión. Los partidarios de José Antonio le advirtieron de la necesidad de establecer una fuerte dirección ante la precariedad de la situación política.

En octubre de 1934, en el Consejo Nacional convocado en Madrid, se aprobó la jefatura única que recayó en Primo de Rivera.

Cuando estalló la rebelión de las izquierdas contra la República, el 6 de octubre, la Falange ofreció sus servicios como fuerza represiva al gobierno.

Anteriormente, el 24 de septiembre de 1934, Primo de Rivera, ante la negativa del Gobierno a aceptar la ayuda de la FE como fuerza represiva, había establecido contacto por carta con el general Francisco Franco, entonces destinado en la Baleares.

A fines de 1934, los falangistas rechazaron la propuesta de Calvo Sotelo, que había planeado la fusión de la CEDA con Renovación Española y la Falange.
En noviembre de 1934, se hizo pública el programa definitivo de la Falange. Se afirmaba que el Estado debía ser un “instrumento totalitario” al servicio de la nación, exhortación militar, justicia social, reforma económica y educación popular.
En el punto 25 del programa se afirmaba que no se permitiría la interferencia de la Iglesia en asuntos seculares, declarando, al mismo tiempo, que la Falange era profundamente Católica. Con este punto, la Falange se alejó definitivamente de la derecha.

Después de la marcha del último monárquico, el partido quedó arruinado. A principios de 1935, en enero, ante la concepción distinta del partido y el creciente poder de José Antonio, Ramiro Ledesma intentó provocar una división en el partido para reconstruir las JONS a partir de los sindicatos falangistas. El domingo 16 del mismo mes, José Antonio convocó una reunión de la Junta Política y expulsó a Ledesma del partido. Con ello, José Antonio quedaba como cabeza indiscutible del partido.

LA Falange DE JOSÉ ANTONIO

La Falange creció en 1935, pero en 1936 seguía siendo la más reducida y débil de todas las fuerzas independientes.
En repetidas ocasiones la Falange trató en vano de conseguir el apoyo de la izquierda.
La CEDA contaba con la mayoría de los votos y aportaciones de las clases medias, lo cual irritaba profundamente a la Falange.
Hacia finales de 1933, se había formado un grupo conspirador de jóvenes oficiales del Ejército, la Unión Militar Española (UNE), cuya única ambición era derrocar a la República.
Pese a la profunda hostilidad, que José Antonio había manifestado reiteradamente, a la colaboración con los militares, después del levantamiento de octubre del 34, cambió de actitud.
En noviembre de 1934 preparó una carta a los militares, poniendo de manifiesto la ausencia de sentido nacional de la izquierda y la incapacidad de la derecha.
José Antonio planeó una trama para un golpe de la Falange con un reducido grupo de oficiales de confianza. Este plan fue vetado por el mismísimo general Franco.

De nuevo en el año 1935, asistimos al lanzamiento del periódico Arriba , el 21 de marzo. A este respecto, Ellwood, sospecha que la ayuda de Italia pudo ser decisiva; según ella, parece haber evidencias de una subvención por parte de Italia y, con menor interés, de Alemania a la causa falangista. Payne, sin embargo, niega que haya ningún contacto oficial con los partidos nazi y fascista antes de 1936.

En 1936, pese al discurso recurrente de antipactismo de Primo de Rivera, Arriba anunciaba, el 9 de enero, la creación del Frente Nacional Falangista para las elecciones de febrero. Sin embargo, ante la exigencia de la CEDA de tener la mayoría de los puestos en el Parlamento, se rompió la unión. La Falange quedaba sola ante las elecciones.

Los únicos pactos establecidos durante la campaña fueron acuerdos de carácter local según los cuales, si las izquierdas ganaban las elecciones y el Ejército proclamaba el estado de guerra, la Falange se uniría a los militares.
El 16 de febrero de 1936, en las elecciones, no fue elegido ni un solo falangista. La victoria del Frente Popular produjo un verdadero jarro de agua fría para las fuerzas no izquierdistas, incluida la Falange.
No obstante, Primo de Rivera sugería que había que concederle a Azaña una última oportunidad. Por otra parte, seguía manteniendo su desconfianza hacia los militares conspiradores y no fue invitado a las primeras reuniones.
José Antonio insistió en la importancia de atraer a la Falange a los disidentes de la CNT y del Partido Socialista. El propio Primo de Rivera intentó llegar a un entendimiento con Indalecio Prieto, que rechazó toda negociación.

Durante marzo y abril se produjo el inevitable giro de la Falange hacia la derecha. Los conservadores volvieron a aportar ayuda económica, pero exigían mayor actividad de combate a los falangistas a cambio.
Pronto se desató una guerra en las calles entre las milicias de la Falange y sus rivales izquierdistas.
El 1 de marzo de 1936, José Antonio ordenó que todos los miembros del SEU se incorporasen a la milicia de la Falange.
El 14 de marzo de 1936 FE de las JONS fue declarada fuera de ley. Primo de Rivera, los componentes de la Junta Política y varios dirigentes y militantes de provincias fueron detenidos.
El 4 de marzo del mismo año, Primo de Rivera lanzó otra llamada al Ejército. La “Carta a los militares de España”, buscando fomentar los sentimientos antirrepublicanos de determinados sectores del Ejército.
Por otra parte, los militares sabían que las únicas milicias disponibles no izquierdistas eran las falangistas y los carlistas de la Comunión Tradicionalista.
Los días 6 y 14 de mayo, el jefe del Gobierno, Casares Quiroga, declaró en las Cortes que la Falange ilegal era el principal enemigo del Gobierno.

Se prepararon algunos planes para liberar a José Antonio, pero no llegaron a madurar. Como recurso legal, se incluyó su nombre en la candidatura conservadora para las elecciones de Cuenca que, tras ser anuladas por irregularidades, debían repetirse. Sin embargo apareció también como candidato el general Franco, que relegado a Tenerife, deseaba reforzar su posición con un puesto en la vida política civil. José Antonio no permitió que se le incluyera en la misma candidatura que Franco y éste último, presionado, se retiró de la candidatura.
Los izquierdistas evitaron que se contaran sus votos en muchos colegios, con el pretexto de que su nombre no había figurado en las primeras elecciones.
Poco después, Primo de Rivera fue trasladado a Alicante. Desde allí, José Antonio se comprometió a ofrecer el apoyo de la Falange a cualquier intento de rebelión carlista, siempre que se le advirtiera con tiempo suficiente.

Era evidente que ni las derechas ni el Ejército permitirían una revolución nacional-sindicalista, y la Falange no estaba en condiciones de disputarle la supremacía al Ejército si éste decidía levantarse contra la República.
El 29 de junio, en una circular José Antonio daba instrucciones a los jefes del partido para la participación de la Falange en una rebelión militar.
Lo único que Primo de Rivera esperaba de la cooperación era que, en la confusión que seguiría al golpe, la Falange pudiera abrirse paso hacia los puestos de mando.

LA GUERRA CIVIL

Cuando se produjo el alzamiento, en julio de 1936, los gobernantes republicanos, a regañadientes, se decidieron a armar a los obreros de algunas grandes ciudades.
La mayor parte del Ejército de la Península estaba mal equipada, y con la intervención de Alemania e Italia, la rebelión se convirtió en una guerra civil.
Los falangistas participaron en la rebelión en casi todas las regiones de España.
La Falange tuvo una gran actividad tanto en el frente de guerra, como en la retaguardia, así como en las represiones durante y después de la guerra.

El 24 de julio se creó en Burgos una Junta de Defensa Nacional. La Falange no tenía relación oficial con la Junta; no era más que una fuerza civil autónoma que aportaba su contribución a la rebelión. Además, se encontraba desprovista de representación oficial, puesto que los jefes desaparecieron en los momentos previos o posteriores al golpe.
Era evidente que únicamente los requetés y los falangistas estaban en condiciones de responder al llamamiento para la acción directa.
Mientras que los elementos más clericales y reaccionarios se incorporaban a los carlistas, el grueso de la clase media prefirió la Falange.
El 2 de septiembre se convocó, en Valladolid, una reunión del Consejo Nacional, formándose una Junta de Mando Provisional, con siete miembros y Hedilla por jefe.
Desde el comienzo de la guerra las facilidades y medios para la propaganda se desarrollaron enormemente. La prensa de partido daba informaciones favorables a los nazis, los fascistas italianos y los demás movimientos fascistas. Aunque la propaganda falangista se diferenciaba por la importancia que concedía al catolicismo y a la defensa de la cristiandad.
Pese a todo este despliegue propagandístico, tanto la Falange como los militares mostraron un escaso interés por la persuasión de las masas ya que se proponían únicamente conquistar y someter, y no convencer ni persuadir.

En los comienzos de la guerra, muchos izquierdistas moderados se fueron incorporando a la Falange para librarse del acoso de los derechistas (los izquierdistas más activos fueron fusilados).

El 21 de septiembre, en una reunión de la Junta de Defensa, Franco fue elegido por votación Jefe Militar Supremo.
La Falange no había manifestado ninguna preferencia respecto al nombramiento de comandante en jefe.

Tras varios intentos de rescatar a Primo de Rivera, dos de ellos con ayuda de Franco que era consciente de que no podía prescindir de la colaboración falangista, el líder falangista continuaba en la cárcel de Alicante.
En octubre, a Franco, proclamado Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas y Jefe del Gobierno y del Estado, la idea del rescate de Primo de Rivera ya no le parecía atractiva, por eso puso todas las dificultades que pudo pero haciendo creer que su intención era liberar a José Antonio.
El 13 de noviembre de 1936, con el veredicto establecido de antemano, José Antonio fue juzgado ante un Tribunal Popular de los recientemente establecidos por la República.
El 20 de noviembre, José Antonio Primo de Rivera fue ejecutado.

El 22 de noviembre de 1936, el Cuartel General de Franco emitió un decreto ordenando la unificación de las unidades de las milicias que, en adelante, quedarían asimiladas a las tropas regulares y sometidas a la disciplina militar.

El gobierno nacionalista carecía de orientación ideológica. Era necesario dotar al gobierno de un instrumento político adecuado.
Franco tenía en mente unificar todos los partidos nacionalistas en uno sólo, formado por todos los partidarios del Generalísimo.

A comienzos de 1937, una serie de tendencias rivales comenzaron a disputarse la jefatura de la Falange; por un lado el grupo de Hedilla, que esperaba de los nazis una orientación ideológica o, al menos, ayuda material; otra tendencia compuesta por los seguidores de José Antonio, los “ legitimistas”; y por último, una tercera tendencia formada por los recién llegados, partidarios de un corporativismo conservador.
El 16 de abril, en enfrentamientos entre facciones rivales, murieron dos falangistas.

El 18 de abril, Franco comunicó su intención de ocupar la jefatura nacional de la Falange. Al día siguiente, dio el golpe de gracia a la Falange; uniría la Falange y la Comunión Tradicionalista, disolviendo todas las demás organizaciones políticas, y asumiría él la jefatura de la nueva entidad: la Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Hedilla, tras rechazar el puesto de presidente de la nueva Junta Política, fue detenido y condenado, primero a muerte y luego a cadena perpétua.
Otros muchos falangistas fueron encarcelados, pero no hubo ninguna ejecución capital.
El resto de los falangistas veían en la unión la única manera de ganar la guerra que, al fin y al cabo, era el principal objetivo.

El uniforme de todos se convirtió en un híbrido de la camisa azul de los falangistas y la boina roja de los carlistas.
El 24 de abril de 1937 se adoptó el saludo falangista como saludo oficial.
El 19 de julio, Franco afirmaba en ABC que su objetivo era la implantación de un “Estado totalitario” y que la FET contribuiría a reunir a todos los españoles en ese Estado.
El 4 de agosto de 1937 se publicaron los estatutos de FET, marcando las pautas para los principales órganos del partido y regulando la futura estructuración de la organización sindical y de los servicios del partido.
El 30 de octubre se emitió una ley estableciendo que, para ocupar cualquier cargo en la administración local o provincial, se requería la aprobación de los jefes de la Falange y de la Guardia Civil.

Durante el año 1937, la propaganda falangista tropezó con la censura miliar y a veces llegó a ser suprimida.

El primer Consejo Nacional e completó el 19 de octubre de 1937 y celebró su primera reunión el 2 de diciembre, en Burgos.

Con la formación, el 30 de enero de 1938 de un primer gobierno franquista, se creó el Ministerio de Organización y Acción Sindical, responsable de dictar las “normas de ordenación, funcionamiento y actuación de los sindicatos en el orden económico y social…”
Después de la creación del Ministerio de Organización Sindical, los carlistas acabaron de perder la escasa influencia que pudieron tener en la esfera sindical.

Una de las primeras tareas del nuevo gobierno consistió en elaborar el Fuero de trabajo, que constituyó los cimientos de la organización del sistema sindical oficial, el único permitido hasta la muerte de Franco.
El Fuero se hizo público el 9 de marzo de 1938, concediéndole la categoría de Ley Fundamental del Estado.
El documento concedía a la Falange el control absoluto de la organización y la administración sindical del nuevo estado.

El 21 de abril de 1938, las organizaciones de trabajadores y campesinos CONS y CENS, fueron fusionados en un único organismo: la Central Nacional Sindicalista. A través de dicho organismo ejercía la Falange su monopolio oficial sobre toda la población trabajadora.
El hecho de que determinados puestos conllevara la automática pertenencia a la Falange, hacía que la pertenencia al partido no tuviera ningún sentido.

Poco después, el 16 de noviembre de 1938, se proclamó por decreto que el 20 de noviembre sería día de luto nacional, para conmemorar la muerte de Primo de Rivera.
(El régimen de Franco supo sacarle mucho partido a Primo de Rivera aún después de muerto).
En agosto de 1939, Serrano Suñer, cuñado de Franco, alcanzó la presidencia de la Junta Política, pese a no haber sido nunca militante de la Falange. Será durante su presidencia cuando la Falange alcance la cima de su poder.

Volviendo a la Organización sindical, se elaboró una ley que proponía unir a los obreros, técnicos y empresarios en una única organización “sin clase” dividida únicamente en sectores de producción. Con ello se conseguía controlar a la mayor parte de la población en la vida laboral.
La Unidad Sindical demostró una gran capacidad para organizar a los trabajadores, pero a Franco no parecía inquietarles los desfiles de obreros. Además, el aparato represivo demostraba controlar la situación sin problemas.

Los legitimistas de la Falange no veían con buenos ojos el ascenso de los nuevos miembros, y Franco empezó a ver con malos ojos las actuaciones de su cuñado, destinadas a ampliar la base la base social, pero que el Caudillo percibía como un intento de sustitución de su poder.
Franco logró ganarse el apoyo de los principales falangistas mediante las recompensas oficiales.

El 24 de noviembre de 1941 comenzó la depuración del partido con el propósito de eliminar los elementos reaccionarios y conseguir la permanencia de los profranquistas. Con la colaboración entre la Falange y el Ejército ( con la Falange en un segundo plano) se iba en contra de la ideología falangista.
La Falange penetraba en todos los rincones, desfiles, viajes oficiales, prensa del movimiento, etc. El símbolo falangista del yugo y las flechas fue colocado en al entrada y salida de todos los núcleos de población.

A comienzos de los 40, la Falange intentó sacar partido de la situación internacional y ampliar su campo de acción fuera de España.
La mayoría de los contactos entre España y Alemania, así como con Italia fueron promovidos por la Falange. De hecho, la División Azul, fue obra de Serrano Suñer y Franco la miró con recelo. No obstante, el enfoque que se le intentó dar no fue el de colaboración con el eje, sino el de lucha contra el comunismo.
La Falange culpó de la escasez y las penurias a la II Guerra Mundial (pese a que España no participaba).

Con la división Azul se pretendió dar salida a los falangistas desilusionados así como a sus deseos de entrar en la guerra. Pero quizá su desilusión aumentó al comprobar que deberían combatir con el uniforme alemán.

En agosto de 1942, un grupo de falangistas atentó contra la multitud carlista, entre la que se encontraba el general Varela, que celebraba una misa por los soldados carlistas muertos en la guerra civil. Con este suceso, se inició un enfrentamiento público entre carlistas y falangistas.
Un tribunal de guerra, en respuesta a la afrenta causada al ejército, condenó al cabecilla falangista a pena de muerte y a los demás a penas de prisión. Pese a la campaña que inició la Falange, la ejecución se llevó a cabo.
Ante el malestar de la Falange por la postura adoptada en la II Guerra Mundial por Franco, el Caudillo asumió el 4 de septiembre el 1942 la presidencia de la Junta Política.

1945-1975

Con Serrano Suñer fuera de la política, se acabaron las esperanzas de los falangistas de lograr una autoridad independiente.

Las potencias aliadas victoriosas ejercieron una política de aislamiento contra España.

A partir de 1945, Franco comenzó a inclinarse hacia una solución monárquica para preparar la todavía lejana era posfranquista.
Los falangistas volvieron nuevamente a traicionar a la doctrina de José Antonio prestando su apoyo a esta solución monárquica.
Esto se pondrá de manifiesto en la ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, aprobada en 1947; la firma de los “Pactos de Madrid” con los Estados Unidos, en 1953; la ley de los Principios Fundamentales del Movimiento, elaborada entre 1956 y 1958; y el proceso de elección del sucesor de Franco, entre 1966 y 1969.
Efectivamente, el 28 de enero de 1947, se sometió a las Cortes un proyecto de Ley de sucesión. Por primera vez desde la Segunda República se reconocía explícitamente que España era un reino.
Franco se reservaba el derecho a designar a su propio sucesor, como rey o regente.
Se especificaba jurídicamente que la base política del régimen, el Movimiento debía ser un amalgama de fuerza y no la prerrogativa exclusiva de ninguna de ellas.
La Ley de sucesión se sometió a Referéndum, siendo aprobada por mayoría, aunque con una votación tremendamente irregular.
La Falange no tenía nada que ganar oponiéndose a la Ley de sucesión,pero si tenía mucho que perder.

Con el comienzo, en 1948, de la Guerra Fría, las potencias occidentales comenzaron a ver con buenos ojos el régimen de Franco por su marcado anticomunismo. Por otra parte, la autarquía no estaba dando buenos resultados. Así, el 26 de septiembre de 1953 se firmó el acuerdo hispano-norteamericano conocido como los “Pactos de Madrid”.De nuevo la supervivencia política fue más importante que la coherencia ideológica para la Falange, que no se manifestó contraria a dichos pactos.

En octubre de 1953, coincidiendo con el vigésimo aniversario de Falange Española, se celebró en Madrid el Primer Congreso Nacional de FET y de las JONS. Franco aprobó el acto e incluso presidió y pronunció un discurso el último día del congreso.

El secretario del partido, en un discurso el 28 de diciembre de 1953, atacó la idea de los monárquicos alfonsinos de crear una monarquía social en España.
Ante las concesiones que el régimen hizo a los pretendientes alfonsinos, como participar en las elecciones municipales de 1954, y las reuniones y contactos entre Franco y don Juan, algunos jóvenes de la Falange se indignaron y proclamaron sus sentimientos antimonárquicos gritando consignas injuriosas en las concentraciones del Frente de Juventudes.
Los dirigentes del SEU, con una preparación política mucho mayor, sabían que la opción monárquica estaba irrevocablemente tomada y como tal, la aceptaron, pese a que iba en contra de la doctrina falangista. Ellos estaban más preocupados por mantener el contenido ideológico y político del régimen, y serán los que aporten el elemento humano para la transición.

Tanto los falangistas del Frente de Juventudes como los del SEU vieron frustrada la idea de hacer su “revolución” por la actitud de las “camisas viejas”, cuya postura se puso de manifiesto con la oposición del ministro de la Gobernación y del vicesecretario del Movimiento al Congreso de Jóvenes Escritores Universitarios de España, previsto para noviembre de 1955, con la participación del “grupo reformista” del SEU.

El 9 de febrero de 1956 se produjo un choque violento en las calles de Madrid entre un grupo de falangistas y estudiantes adversarios. Como resultado, resultó herido de bala en la cabeza un joven falangista.
La Junta de Gobierno de la Universidad anunció inmediatamente la suspensión de las clases y la reunión del consejo de ministros del 10 de febrero decretó la suspensión durante tres meses de los artículos 14 y 18 del Fuero de los Españoles que garantizaban , respectivamente, la libertad de movimiento dentro del “territorio nacional” y la puesta en libertad o procesamiento de los detenidos dentro de un plazo de setenta y dos horas.
Los falangistas más extremistas estaban muy nerviosos y se temía una fuerte venganza si el joven falangista moría. Finalmente salvó la vida, aunque con graves daños cerebrales.
Como resultado, los intentos de reformas desde la Universidad y el SEU quedaron anulados. Se produjo un relevo de ministros y de cargos del partido sustituyendo a aquellos más “progresistas” por “camisas viejas”.

Con esta crisis surgieron varios corrientes en el seno de la Falange. Por un lado estaba aquellos cuya insatisfacción con el régimen se vio radicalizada por los acontecimientos de 1954-1956. Algunos abandonaron su militancia falangista y otros empezaron a formar grupos falangistas “puristas”. Por otra parte, estaban los que se dieron cuenta de que sus ansias reformistas no podían ganar a las fuerzas más conservadoras. Estos falangistas, fundamentalmente del SEU y del Frente de Juventudes, eran de ideas pragmáticas y hasta reformistas, pero no de izquierdas.

El nuevo gobierno recibió el encargo de preparar un proyecto de revisión de los estatutos del partido y una ley de Principios Fundamentales del Estado, la Ley Orgánica del Movimiento , y otra ley sobre la organización del gobierno.
La decisión de encargar a los falangistas el proyecto de los Principios Fundamentales no pretendía convertir a la Falange en una institución. No obstante, la Falange, con su proyecto dejado de lado, se vio obligada a aceptar los Principios Fundamentales que finalmente se aprobaron el mayo de 1958, y que no hacían ninguna previsión especial sobre el papel del partido dentro del entramado político del régimen.
Para el régimen, el proyecto falangista era un anacronismo político.
Se procedió a la sustitución de los altos cargos falangistas por otros de talante más “desarrollista”.

En la década de los 60, con los objetivos políticos subordinados a los económicos, los falangistas quedaron relegados a una posición secundaria. No obstante, la Falange siguió teniendo a su cargo el control sociopolítico de las masas de población.

Con la creación, entre 1958 y 1963, de varias organizaciones sindicales de clase, ilegales aunque no siempre clandestinas, el pluralismo sindical era una realidad y muchos empresarios comenzaron a preferir la negociación directa con los representantes no oficiales a fin de ahorrar tiempo.

El 22 de noviembre de 1960, con la presentación a las Cortes de la Ley Orgánica del Estado, se dio el último paso para garantizar la supervivencia del régimen después de la muerte de Franco. En el discurso de Franco quedaba claro que la victoria militar de 1939 seguía siendo considerada como la fuente de legitimidad del régimen.
En cuanto a la Falange, no se la mencionaba, ni siquiera indirectamente, una sola vez en todo el texto. No obstante, como en anteriores ocasiones los falangistas ya habían manifestado su identificación con la política del Caudillo. Al fin y al cabo, el falangismo de 1966 no tenía ningún sentido sin el régimen franquista. Además, los cambios previstos tenían como principal objetivo la protección de los intereses que respaldaban al régimen, los cuales eran compartidos por los falangistas.
El resultado del Referéndum de 1966 sobre la Ley Orgánica fue una aprobación masiva.

La culminación del proceso tendrá lugar en 1969 con la designación del príncipe don Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco “a título de rey”.

En 1968 se publicó el Reglamento del Movimiento, en el que no se le concedía a la Falange un estatus distinto que a las demás tendencias políticas representadas en el Movimiento.
Mientras viviera Franco, la Falange no sería jubilada del todo.

A comienzos de la década de 1970 había una situación real ( aunque ilegal) de pluralidad. En marzo de 1977 se legalizó la constitución de sindicatos libres y autónomos, y la Central Nacional Sindicalista perdió su razón de ser.
En diciembre de 1974 se promulgó un Estatuto de Asociaciones Políticas, admitiendo la pluralidad ideológica y organizativa.

Con la muerte de Franco, la Falange volvió a la incoherencia y la fragmentación que la habían caracterizado durante el período anterior a la guerra civil.

En 1976 se promulgó una ley que suponía la desmantelación del Movimiento. Cuatro grupos se disputaban la denominación “Falange Española de la JONS”. Sería el Frente Nacional Español el que ganara este derecho.

LA Falange DESPUÉS DE FRANCO

La Falange entró en la era posfranquista totalmente dividida.
El 15 de junio de 1977 no salió elegido a Cortes ni un solo candidato de ninguna de las corrientes falangistas. Era evidente que el pueblo español no confiaba en un partido que basaba su convocatoria en la identificación con el régimen anterior.

La Unión Nacional, formada por FE de las JONS, Fuerza Nueva y los Círculos Doctrinales José Antonio, consiguió sacar un diputado a Corte en las elecciones generales de 1979. La Falange de “oposición” ( Falange Española auténtica y Falange Española independiente) no consiguió representación parlamentaria.

La Ley de Asociaciones Políticas supuso el final de monopolio político. La legalización de la libertad sindical fue acompañada del desmantelamiento de la Organización Sindical. Por último, con la Ley de Reforma Política, se abolieron las Cortes existentes y se disolvió la Secretaria General del Movimiento con su Consejo Nacional y sus delegaciones.
El consejo de guerra celebrado tras el golpe de 1981 no reveló ninguna complicidad por parte de la Falange. Tras el fracaso de la tentativa golpista, y después de la victoria electoral del Partido Socialista en octubre de 1982, se anunció la disolución del partido ultraderechista Fuerza Nueva y el jefe de FE de las JONS anunció su dimisión sin que fuera sustituido por un nuevo jefe nacional.

BIBLIOGRAFÍA

– Payne, Stanley G.: Historia del fascismo español. Ed. Ruedo Ibérico, 1965.

– Ellwood, Sheelagh.: Prietas las filas. Historia de la Falange Española, 1933-1983. Ed. Crítica; Madrid, 1984.

– Chueca, Ricardo.: El fascismo en los comienzos del régimen de Franco. Un estudio sobre FET-JONS. Centro de Investigaciones Sociológicas; Madrid, 1983.

– De la Cierva, Ricardo.: La Historia se confiesa. España 1930-1976.Tomo I. Ed. Planeta; Madrid, 1976.

 Por Hannon.

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