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Caspar David Friedrich (Greisfwald 1774 – Dresde 1840). Por Egonio. 29 septiembre 2007

Posted by paxceltibera in 03.DEL ARTE Y LA CULTURA EN GENERAL.
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Abadía en el Robledal 1808-1810.

Caspar David Friedrich (Greisfwald 1774 – Dresde 1840).

Pintor de espaldas que transcienden la composición y acompañan al espectador en su periplo por la obra de Friedrich. Si bien la creación del alemán es extensa y rica en matices, ese personaje, que se repite a lo largo de los años, se atisba recuerdo que hacemos nuestro, de los humildes contempladores.


Hombre y mujer contemplando la luna 1824.

Friedrich nos cuenta como son sus acompañantes por su particular universo romántico. Su universo, que rompe con el clasicismo y dota su obra de numerosos puntos de vista, algo que “atentaba contra las más elementales reglas de la óptica”, según Ramdohr. Friedrich, que como si de un teleobjetivo se valiera en su paleta limitaba el paisaje a un detalle: un árbol, el pico de una montaña, una figura, difuminada, ante una mar y la tormenta… lejos del paisaje de Constable y hermanado con Turner.


El viajero contemplando un mar de nubes 1818.

Y por esos lugares, el austero pintor, nos enseña el realismo de sus personajes, ataviados con la indumentaria típica del alemán del momento: levita oscura, cerrada en el cuello y melena que llega hasta los hombros. Un traje revolucionario, de los miembros del Lützow o de las corporaciones de estudiantes, prohibido por la restauración, por su carácter político, pero que Friedrich no elimina de sus cuadros, pues estos sujetos, como diría el propio pintor “Están haciendo actividades demagógicas”.


Monje junto al mar 1808-1810.

Esos compañeros, inmóviles, contemplan la luz, la materia del pintor. La luz cálida y suave de la tarde. “El crepúsculo fue su elemento”, dirá Carus en la necrológica de Friedrich. El amanecer y el atardecer, la muerte y la vida. El contraste, el volumen, la calma y el mejor color para el pincel: la luz, que largas sombras proyecta hacia horizonte.

Una luz infinita en una profundidad indeterminada. Friedrich plantea varios planos sucesivos, dejando ver apenas parte de los objetos principales de cada uno de ellos y entre estos, la indeterminación, a menudo, la niebla que se manifiesta en Caminante frente a un mar de nubes . Así limita la capacidad de medir distancias, entrando en el campo de la especulación, abandonando el impulso academicista de la exactitud, como si de una rebelión contra el propio materialismo se tratase. O al revés, dotando sus obras de un solo plano, como en El monje junto al mar .

Tonos ásperos y secos. Cuando la tarde ilumina las extensiones de la realidad, la tiñe de colores casi monocromos. Así, Friedrich, en su primera época, denota una pintura muy unificada, en tanto al uso del color y los tonos. Sus cuadros se sumergen en un colorido principal del que parten el resto de matices, creando una atmósfera numinosa y casi onírica. Numen que acompañará al pintor durante toda su obra: la religión y la política, inseparables en la visión de Friedrich, invaden su obra, constantemente, de forma más o menos explícita.


El oceano glacial 1823-1824.

Egonio

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