jump to navigation

EL IMPACTO DE ROMA EN LOS SISTEMAS DEFENSIVOS IBERICOS DEL VALLE MEDIO DEL EBRO por Francisco Romeo Marugán. 1 septiembre 2007

Posted by paxceltibera in 01. DE LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA.
trackback

Francisco Romeo Marugán,En ‘El Mediterráneo: hechos de relevancia histórico militar y sus repercusiones en España. V Jornadas Nacionales de Historia Militar’Sevilla, 1997, Cátedra General Castaños, pp. 115-140.DELIMITACION DEL ESPACIO
GEOGRAFICO Y CULTURAL.
Una de las prioridades que nos tuvimos que imponer desde un primer momento fue la de delimitar un marco geográfico concreto en el que desarrollar nuestras investigaciones sobre los sistemas defensivos. Dentro del Valle Medio del Ebro, y dado nuestro tema de estudio, centrado en el mundo ibérico, nos vimos obligados a precisar con respecto a la Celtiberia Citerior , descrita en numerosas ocasiones por las fuentes clásicas.
Pese a que no existen elementos de la cultura material que permitan diferenciar taxativamente entre un asentamiento ibérico y otro pertenciente a la Celtiberia Citerior , a no ser los restos epigráficos , nos vimos obligados a trazar una línea que nos sirviese de referencia constante a este respecto, lo que no resultó fácil dadas las dificultades en reconocer los límites exactos de la Celtiberia . Para tal delimitación empleamos casi exclusivamente criterios epigráficos y lingüísticos, ya que constituyen en la práctica los únicos elementos válidos de juicio sobre este particular , por encima de otros elementos como las mismas necrópolis de incineración con cerámica a torno, las espadas de antenas, de frontón, las de tipo Le Tène, las lanzas tipo Alcacer, puñales y tahalíes tipo Monte Bernonio, umbos de escudo, puñales biglobulares, fíbulas de botón con placa o de doble pie vuelto . La numismática no aporta demasiados datos cronológicos, aunque resulta especialmente importante atribuir las cecas conocidas a yacimientos localizados para poder precisar aún más los límites de la Celtiberia Citerior .
En 1986, en el marco del I Simposium sobre los Celtíberos varios estudios incideron en mayor o menor grado sobre la delimitación de la Celtiberia Citerior; podemos destacar el trabajo de Miguel Beltrán quien se sirve de una serie de yacimientos como Turiasu, La Oruña, Bursau, Alaun, Contrebia Belaisca, Azuara, Herrera de los Navarros, La Muela, Alto Chacón o Cedrillas, entre otros, para intentar delimitar una frontera entre el ámbito ibérico y celtibérico en la Comunidad Autónoma de Aragón (FIG. 1).
De este modo hemos definido por delimitación el marco geográfico de nuestro estudio, consistente en el territorio ibérico perteneciente a la Comunidad Autónoma de Aragón, entendiendo por el mismo todo el territorio que no sea celtibérico .
La delimitación cronológico-cultural viene dada por el mismo epígrafe del presente trabajo. La primera presencia efectiva de Roma en el Valle Medio del Ebro la hemos de situar con la campaña del consul Catón del 195 a.C., fecha en la que emite el famoso decreto que ordenaba desmantelar las murallas de los asentamientos que no se habían declarado manifiestamente filorromanos. El edicto se produjo debido al levantamiento de siete fortalezas bergistanas, que obligó al cónsul a desarmar a los iberos quienes, reticentes, forzaron la resolución de Catón de desmantelar en un solo día las murallas de numerosas ciudades ibéricas , determinación narrada por Livio y señalada por numerosos autores como Zonaras , Plutarco , Apiano , Frontino o Cornelio Nepote, quien supone, erróneamente al parecer, a los belicosos celtíberos como los receptores de tan severa orden .
Este será el comienzo de la intensa acción de Roma sobre el Valle Medio del Ebro, acción que no vamos a detallar en este momento para pasar a centrarnos inmediatamente en el tema que nos ocupa; los sistemas defensivos ibéricos.

LOS SISTEMAS DEFENSIVOS IBERICOS
ANTES DE LA LLEGADA DE ROMA.
Para poseer una correcta óptica de la naturaleza de los cambios motivados por Roma en los sistemas defensivos es necesario realizar una sucinta panorámica sobre los sistemas defensivos ibéricos desarrollados antes del II a.C.
Antes de la irrupción de Roma en nuestra zona de estudio los sistemas defensivos ibéricos sufrieron una evolución a partir de los modelos que se habían dado en el bronce Final y, sobre todo, en el Hierro I o ibérico antiguo. Será tras una brusca ruptura en las ocupaciones, que se ha situado entre el 550 y el 475 a.C. , cuando se produzca un cambio total en los patrones de asentamiento , desarrollándose un modelo de hábitat que se ha dado en llamar “de calle o espacio central”. En estos poblados las casas, distribuidas en torno a un espacio central, apoyan directamente sus traseras contra la muralla, de tal modo que se ha llegado a afirmar que ésta se produce precisamente por la sucesión de estos muros exteriores de los espacios domésticos .
Estamos ante poblados con un nivel defensivo que podemos definir como básico ; no existen todavía ciudades que organicen el espacio y los recursos y por tanto no existe el riesgo de un enfrentamiento con un contingente organizado. En modelos más desarrollados puede aparecer una torre asociada al acceso al interior del recinto y una línea de foso que lo aísla.
Este puede ser el caso de yacimientos aragoneses como Los Castellares de Herrera de los Navarros (FIG. 2), situado en Zaragoza, justo en la línea divisoria entre el ámbito ibérico y el celtibérico, donde se encuentran ambos elementos defensivos. Yacimientos de otras áreas presentan plantas similares, como los valencianos Castellet de Bernabé , Puntal dels Llops o el barcelonés Màs Bosca .
En un segundo momento parecen evolucionar las concepciones defensivas; aparece en algunos casos una segunda línea de foso, se desarrollan las torres, apareciendo en mayor número y con mayor trasendencia dentro del sistema defensivo y se aprecia cierta estrategia defensiva que rige el sistema defensivo. Todo ello, como veremos inmediatamente, parece responder a ciertas influencias provenientes de la costa levantina y, por ende, del Mediterráneo.
Estas mejoras resultan apreciables en algunos yacimientos como La Tallada de Caspe (Zaragoza) (FIG. 3), donde aparecen dos líneas de foso antecedidas por sendos muros defensivos, y un frente curvo de muralla, al igual que en Els Castellans de Cretas (Teruel) (FIG. 4), donde dos fosos muy similares protegen un bastión con compartimentación interior. Pero sin duda uno de los yacimientos más importantes en este sentido será el de San Antonio de Calaceite (Teruel) dado que nos permitirá efectuar una aproximación cronológica a este modelo defensivo.
Básicamente, el yacimiento posee dos núcleos de población, correspondientes a otras tantas fases ; la zona superior, en la que se situaría un típico poblado de calle central con espacios de habitación rectangulares a ambos lados. Con posterioridad, con toda seguridad en el siglo III a.C. se ocuparon las laderas, llegando el poblado a su máxima extensión: 8.250 metros cuadrados . Es esta segunda fase la que resulta de especial interés para nosotros ya que esta ampliación se protege con un sistema defensivo protagonizado por un bastión de frente curvo protegido por un foso antecedido por un grueso muro (FIG. 5).
Los sistemas defensivos de estos tres yacimientos son tan similares que procedimos a un análisis comparativo más detallado. De este modo descubrimos en los tres asentamientos una talla similar de los mampuestos de piedra, sentados en seco, escuadrados, desbastados con talla en espiga y presentando algunos engatillamientos, que contrastaba vivamente con los empleados en la arquitectura doméstica, caracterizada por la presencia de mampuestos levemente careados alternando con elementos sin ningún tipo de talla. Esta radical diferencia en los tipos de paramento nos está indicando la intervención de una mano diferente en la construcción de la muralla a la de los habitantes del asentamiento .
De este modo hemos creído reconocer la actividad de un equipo profesional de constructores de murallas por el Bajo Aragón en un momento por el momento indefinido del siglo III a.C., equipo proveniente casi con toda seguridad de la zona levantina, dados los intensos contactos de esta zona aragonesa con el próximo litoral . No obstante la carencia de datos estratigráficos de primera mano nos obliga a ser cautos sobre este particular, quedando a la espera de futuras intervenciones para poder afirmar taxativamente esta hipótesis.

LOS SISTEMAS DEFENSIVOS IBERICOS TRAS LA
LLEGADA DE ROMA.
La irrupción de Roma en el Valle Medio del Ebro, cuyo comienzo ya hemos señalado, y la inclusión del territorio como parte del mundo romano conllevaría una serie de cambios en la vida del componente indígena, sobre todo en el mundo ibérico, abiertamente filorromano tras unos pocos titubeos . De este modo aparecerán con profusión elementos itálicos en yacimientos sedetanos e ilergetes, elementos como pavimentos de opus signinum y, sobre todo, cerámicas de importación, como las campanienses. En esta época se asienta definitivamente el fenómeno urbano, consolidándose la presencia de ciudades , con el sentido actual del término. Será en estas ciudades donde detectemos cambios defensivos con respecto al panorama anterior.
Centrándonos exclusivamente en estos cambios, en primer lugar vemos una ampliación de la anchura de los fosos. De este modo pasamos de fosos de entre cuatro y ocho metros de anchura, como los de La Tallada o Els Castellans, a anchuras de más de veinte metros, como Valdetaus, con una anchura de entre 21 y 25 metros a lo largo de más de 150 metros de desarrollo (FIG. 6). El Castillo de Miranda de Juslibol presenta al Noroeste un foso con un mínimo de 16 metros y un máximo de 25 para un desarrollo de 60 metros (FIG. 7).
Mención aparte merece el complejo sistema de fosos del yacimiento de Los Castellazos de Mediana de Aragón (FIG. , donde encontramos un total de siete fosos que forman un sistema defensivo sin parangón, por el momento, en la península . Rescatemos aquí tan sólo el dato de la anchura de los tres fosos alineados que protegen la acrópolis del yacimiento con anchuras máximas de 18, 16 y 10 metros consecutivamente. Al Oeste encontramos dos fosos que impiden el acceso a la parte superior de un espolón elevado que domina las zonas bajas del yacimiento, y que superan com amplitud los veinte metros de anchura.
Esta ampliación de la anchura de los fosos busca, casi con toda seguridad, alejar a los defensores del alcance habitual de las armas arrojadizas, alcance situado entre los 20 y 30 metros . En el caso de algunos de los fosos más alejados del yacimiento de Mediana de Aragón parece que lo que se busca es impedir la situación de piezas de artillería en puntos elevados que permitirían bonbardear la acrópolis y, naturalmente, las zonas más bajas de la ciudad.

Especialmente revelador resulta igualmente el tipo de aparejo utilizado en la construcción de las defensas de estas ciudades. Desde luego el material utilizado es el existente en las proximidades, pero se aprecian sensibles diferencias con los mampuestos utilizados en yacimientos anteriores a la presencia romana, como los tres que hemos señalado con anterioridad; tanto en san Antonio de Calaceite, como La Tallada como en Els Castellans aparecen mampuestos perfectamente escuadrados y desbastados, de importantes dimensiones en algunos casos. En Valdetaus, El Castillo de Miranda y Los Castellazos los mampuestos reducen de un modo importante sus dimensiones. Se suele considerar que éstas vienen dadas por la misma morfología de las canteras, que, en el caso de los yesos de Los Castellazos y Valdetaus, aparecen en estratos de variadas dimensiones. A esta consideración hemos de oponer el mismo aspecto de regularidad intencionada de los paramentos, en los que resulta evidente una selección de las dimensiones de los mampuestos, además del hecho de que, como en el caso de Los Castellazos, contrasten vívamente los mampuestos de yeso utilizados en la muralla que recorre el denominado Barranco Sur , de época ibérica, de grandes dimensiones en alguno de los casos, con los empleados en la muralla que encinta la acrópolis del yacimiento, de época iberorromana.
Puestos a la búsqueda de un precedente para este tipo de paramento, en el que los mampuestos de la muralla superior se encuentran unidos por una argamasa que resulta difícil de identificar debido a la intensa mineralización que ha sufrido, resulta revelador el muro de opus caementicium que aparece adosado por el interior al paramento de similares características que encinta el denominado bastión. Todo parece indicar la factura filorromana de estos paramentos, que se aproximarían por su factura al opus vittatum , aunque los mampuestos presentan irregularidades que permiten establecer algunas diferencias con este tipo de paramento. En efecto, la cronología tardía del uso del vittatum, cuyo uso aparecería en los últimos decenios del I a.C. , parece chocar frontalmente con la cronología propuesta para el yacimiento de Mediana de Aragón, cuyo fin se puede localizar entre las guerras sertorianas y la batalla de Ilerda .
Tampoco podemos definir el paramento como un opus incertum, aunque la cronología del uso militar de éste último estaría más acorde con la vida del yacimiento, ya que el incertum parece utilizarse ya desde el siglo III a.C. para la arquitectura civil , sufriendo un espectacular desarrollo militar a raíz de las guerras sociales . Resulta especialmente interesante su uso en las torres del sistema defensivo de Pompeya, cuyos muros se encontraban realizados en opus quadratum , buscando seguramente tanto la rapidez contructiva como las mismas propiedades elásticas de estos paramentos.
De este modo el paramento de la muralla superior del yacimiento de Los Castellazos no se puede calificar como de incertum, dado que los mampuestos se encuentran dispuestos con cierto orden en hiladas horizontales, tampoco podemos hablar de vittatum, dado que la regularidad de los mampuestos dista mucho de este tipo de paramento, cuya datación, además, suele ser posterior a la vida misma del yacimiento. Dada la filiación clásica de la muralla tenemos que remitirnos para la identificación del paramento a un artículo publicado por Lamboglia en 1958 en el cual, además de alabar el recién aparecido trabajo de Lugli, proponía otro tipo de paramento a medio camino entre estos dos, basado en la identificación de una gradual evolución del opus incertum hacia una mayor regularización de los mampuestos. Lamboglia consideraba que el término de opus vittatum resultaba confuso, planteando de este modo un problema meramente terminológico . El paramento bautizado por este autor como opus certum se caracterizaba de este modo por estar formado por mampuestos de contornos bien definidos , aunque no lo suficientemente como para constituir un vittatum. El autor considera como opus certum algunos paramentos interiores de la muralla de Tarragona en sus fases más antiguas, remitiéndonos por lo tanto al 218 a.C. . Granados reconoció este mismo tipo de paramento en los lienzos interiores de la muralla de la Colonia Barcino, la actual Barcelona, insistiendo en la horizontalidad de las hiladas como característica definitoria .
En el estado actual de las investigaciones resultaría arriesgado calificar taxativamente la muralla superior de Mediana como un opus certum, ya que no se ha procedido a la excavación ni a la limpieza de los paramentos, pero dado el aspecto de los tramos visibles y la filiación latina inequívoca del mismo, podemos arriesgar esta identificación, aunque remitiéndonos siempre a los resultados de futuros trabajos de campo sobre este particular.
El yacimiento del Cabezo de Alcalá de Azaila presenta del mismo modo paramentos de evidente filiación itálica, como puso de relieve Beltrán en su momento , afirmando que el paramento de la muralla inferior responde en sus líneas generales al principio de la opera quadrata con hiladas alternas a soga y tizón, y distribución pseudoisodóma, de clave irregular.
Miguel Beltrán considera que los tipos de aparejo más antiguos son los que él denomina tipo 1, definido por piezas de tipo paralepipédico, trabajadas exclusivamente por su cara exterior, alternando con lajas y bloques a tizón, y dispuestas en hiladas horizontales situadas en una cortina exterior que ofrece una sensación de paramento pseudoisódomo de clave irregular, y tipo 2, similar pero con doble fila de hiladas . En un momento posterior al uso de estos dos aparejos surgirían otros tipos nuevos caracterizados por la presencia de sillares regulares proporcionados, dispuestos a soga o a soga y tizón en hiladas alternas, que el autor denomina tipos 6 y 7. Al mismo tiempo se utilizaría un tipo de aparejo que ha recibido el número 11, definido por estar formado por grandes lajas de piedra que aparecen calzadas con ripio allá donde fue necesario para la estabilidad del conjunto .
Las dimensiones de los mampuestos vienen determinadas por las canteras de las que se extrajeron, localizadas en superficie, lo que explica la gran variedad de las dimensiones de los sillares componentes de las murallas .

Hemos podido identificar en dos de estas ciudades, Valdetaus y El Castillo de Miranda, accesos secundarios de importantes dimensiones que no encontramos en yacimientos de cronologías anteriores. Sí es frecuente, hasta cierto punto, la presencia de accesos secundarios muy puntuales con anterioridad, pero de reducidas dimensiones. En el caso de La Tallada de Caspe, como en el de Els Castellas de Cretas, aparecen escaleras talladas en la roca del sustrato que posibilitan el acceso de una persona al interior del recinto. En las dos ciudades comentadas encontramos accesos secundarios de más de dos metros de anchura a los que se llega mediante un sistema de rampas, sostenidas en algunos casos por muros de abancalamiento.
A esto hay que sumar el hecho de que al discurrir por estos accesos se está mostrando a los eventuales defensores el lado derecho, el desprotegido, lo que supone la adopción de uno de los más importantes principios de la estrategia tradicional ; la búsqueda de la derecha del atacante .

Centrándonos en los lienzos defensivos pudimos reconocer en un tramo de muralla de 22 metros de longitud del sector occidental del yacimiento de El Castillo de Miranda, precisamente junto a la entrada secundaria que ya hemos comentado, una estructura que se ha denominado muralla de cajones; a lo largo de unos 12 metros aparecen claramente tres muros perpendiculares o tirantes que unen el paramento interno y el externo de la muralla, delimitando unos espacios o cajones que aparecen rellenos con piedras sin trabajar de yeso y tierra. Estos tirantes, perpendiculares a la pendiente, poseen una anchura de 1 mt. y aparecen distribuídos con regularidad a 3,50 mts. En el resto del yacimiento, incluso en zonas ya excavadas de la muralla, no se ha detectado este sistema de construcción
Pese a que las murallas de cajones son frecuentes en la poliorcética púnica la poca influencia cartaginesa en el Valle Medio del Ebro y la alta cronología de la muralla de Juslibol nos obliga a considerar la influencia itálica sobre todo teniendo presentes ejemplos tan próximos como la muralla de Tarragona, datada en el segundo cuarto del siglo II a.C., construída con una técnica similar . El origen de este sistema de construcción en la península itálica lo tenemos en la labor de arquitectos griegos a partir del siglo IV a.C. en las defensas de ciudades como Bolsena, Regium o Nápoles .

El trazado de las defensas de alguna de estas ciudades también nos remite directamente a la poliorcética clásica, aunque mayormente sigue adaptándose al soporte geográfico sobre el que se asienta la ciudad. No obstante resulta revelador el acceso principal al yacimiento de El Castillo de Miranda de Juslibol (FIG. 10).
Este acceso, al que se llega mediante una rampa en zig-zag se encuentra protegido por dos torres que delimitan un trazado cóncavo del lienzo defensivo. De este modo se posee desde cualquier punto de la muralla un perfecto ángulo de tiro sobre el acceso principal. Este modelo defensivo, recomendado ya por los tratados griegos de poliorcética , lo encontramos en otras ciudades con evidentes influencias Mediterráneas, como El Castellar de Meca, en Valencia, la antigua Putea, que presenta igualmente un trazado cóncavo de la muralla y un acceso principal cubierto por torres .
En Valdetaus también se localiza un tramo de muralla con un trazado cóncavo (FIG. 6), aunque en este caso parece inducido por la misma topografía sobre la que se asienta la ciudad. Cabe la posibilidad de que en este tramo existiese un tercer acceso al interior del recinto, dado que todavía se sigue accediendo por este punto al yacimiento , pero la intensa erosión que padece esta zona aragonesa y la carencia de excavaciones arqueológicas en este punto en concreto nos obliga a ser muy cautos sobre este particular.
Estos trazados no llegan desde luego al nivel de las murallas localizadas mediante prospección aérea en Pajares , que parecen un fiel reflejo de las recomendaciones de Filón de Bizancio, pero constituyen a nuestro juicio una evidencia de la aplicación de las normas poliorcéticas clásicas.

EL CASO DE AZAILA
Una prueba de la capacidad de estos sistemas defensivos ibéricos la tenemos en el yacimiento del Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel) (FIG. 9), que sufrió un importante asedio en el transcurso del episodio sertoriano. Pese a la aparente fragilidad de las defensas del yacimiento, éstas fueron lo suficientemente importantes como para obligar a los sitiadores a la construcción de una rampa de tierra por la que hacer ascender una torre de asalto para superar las defensas azailienses. Todavía se pueden localizar restos del mortero pertenecientes a la obra de la rampa a los pies del tramo XI de muralla , punto por el que se rebasaron las defensas azailienses. De este modo el emplazamiento de un scorpio en el templo in antis , para prevenir un desbordamiento de las defensas por la puerta principal se reveló inútil. Podemos deducir que esta catapulta fue abandonada precipitadamente ante el empuje del enemigo, que avanzaba por la acrópolis desde el Sur.
Con el enemigo en el interior de la acrópolis de la ciudad, los sitiados se protegieron en la zona Norte de la misma, construyendo improvisadas barricadas en las calles C y G . del mismo modo se condenó el acceso por el camino de ronda que ascendía desde las termas con numerosas piedras. Parece que el condenar los accesos con muros improvisados era un recurso frecuente en los asedios, tal y como evidencian algunos restos arqueológicos; en el Castellar de Meca aparecen las puertas bloqueadas con gruesos muros . estos datos arqueológicos se encuentran en este caso apoyados por las fuentes, ya que Plutarco y Salustio aseguran que Sertorio, al retirarse a esta ciudad, reparó sus murallas y bloqueó sus puertas .
Pese a todo, y volviendo al asedio de Azaila, con el enemigo dentro del recinto, toda defensa fue inútil y la ciudad azailiense fue completamente destruída en una fecha entre el 76 y el 72 a.C.

CONCLUSIONES.
De este modo podemos concretar el impacto de Roma en los sistemas defensivos ibéricos en las siguientes modificaciones:
I Ampliación de las dimensiones de los fosos, especialmente la anchura.
II. En algunos casos, construcción de fosos aislando cotas altas para impedir el emplazamiento de artillería de torsión, como en el caso de los fosos de Los Castellazos de Mediana de Aragón (Zaragoza).
III. Cambio del tipo de paramento; los mampuestos reducen sus dimensiones y en ocasiones aparecen trabados con argamasa.
IV. Aparición de accesos secundarios de importantes dimensiones.
V. Búsqueda de la derecha del eventual atacante siguiendo las normas clásicas de poliorcética.
VI. Aparición de murallas de cajones.
VII. Aparición de trazados cóncavos en los lienzos defensivos.

BIBLIOGRAFIA.
ADAM, J.P.: La contruction romaine. Paris, 1981.
ALFARO, M.: “El sistema defensivo de la puerta de entrada a la ciudad ibérica de Meca (Ayora, Valencia)”. Simposi Internacional d’Arqueologia Ibèrica. Manresa 1989. Manresa, 1991. Pp.147-153.
ALFARO, M. y BRONCANO, S.: “El sistema defensivo de la puerta de entrada a la ciudad ibérica de Meca (Ayora, Valencia)”. Trabajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica, 89. Valencia 1992. Pp.73-80
ALMAGRO, M. y LORRIO, A.: “La expansión céltica en la Península Ibérica: Una aproximación geográfica”. I Simposium sobre los Celtíberos. Zaragoza, 1987, p.105.
AQUILUÉ, X. Y DUPRÉ, X.:Reflexions entorn de Tarraco en època tardo-republicana (Forum 1), Tarragona, 1986.
ATRIAN, P. et Alii: Carta arqueológica de España: Teruel. Teruel, 1980.
BELTRAN, M.: Arqueología e historia de las ciudades antiguas del Cabezo de Alcalá de Azaila (Teruel). Zaragoza, 1976.
– “Novedades de arqueología zaragozana”. Caesaraugusta 41-42. Zaragoza, 1977. Pp.151-202.
– “Nuevas aportaciones a la cronología de Azaila”. Boletín del Museo de Zaragoza, 3. Zaragoza 1984. Pp.125-153.
– “Introducción a las bases arqueológicas del valle Medio del Ebro en relación a la etapa prerromana”. Estudios en Homenaje a D. Antonio Beltrán. Zaragoza, 1986.
– “Problemas cronológicos de la Celtiberia aragonesa” I Simposium sobre los Celtíberos. Zaragoza, 1987. Pp.19-42.
BESSAC., J.C.: “L’analyse des techniques de constructions en pierre et en brique crue” Dossiers d’Archeologie 172. Paris, 1992. Pp.70-82.
BONET, H. y MATA, C.: “El poblado ibérico del Puntal dels Llops (El Colmenar, Olocau, Valencia)”. Trabajos Varios del Servicio de Investigación Prehistórica,71. Valencia, 1988.
BOSCH GIMPERA, P.: “Les excavacions en el baix Aragó”. Anuari del institut d’estudis catalans VI. Barcelona, 1915-20. p.641.
– “Les investigacios de la cultura ibérica al Baix Aragó”. Anuari del institut d’estudis catalans VII. Barcelona, 1921-26, p.72.
BRONCANO, S. y ALFARO, M.: Los caminos de ruedas de la ciudad ibérica del Castellar de Meca (Ayora, Valencia). Madrid, 1990.
BURILLO, F.: El Valle Medio del Ebro en época ibérica. Contribución a su estudio en los ríos Huerva y Jiloca Medio. Zaragoza, 1980.
– “Introducción al poblamiento ibérico en Aragón”, I Jornadas sobre el Mundo Ibérico, Jaen, 1987, pp.77-99.
– “La crisis del ibérico antigüo y su incidencia sobre los campos de urnas finales del Bajo Aragón”, Kalathos 9-10, 1989-90, Teruel. pp.95-124
– “La segunda Edad del Hierro en Aragón”. Estado actual de la arqueología en Aragón I. Zaragoza, 1990. p.133.
– El poblado de época ibérica y yacimiento medieval: “Los Castellares” (Herrera de los Navarros, Zaragoza) I. Zaragoza, 1983.
CABRE, J.: “Azaila”. IV Congreso Nacional de Arqueología. Barcelona, 1929, p.6.
DIDIRJEAN, F.: “Enceintes urbanes antiques dans la province de Seville”. Prospections aériennes: les paysages et leur histoire. Paris, 1989. Pp.73-81.
DIES, E.: “Funcionalidad de las torres en las fortificaciones del Camp de Turia (Valencia): defensa, vigilancia y señales”. Simposi Internacional d’Arqueologia Ibèrica. Manresa 1989. Manresa, 1991. Pp.171-179.
FATAS, G.: “Un poblado zaragozano de origen hallstáttico que perdura hasta el Imperio”, Estudios I. Zaragoza ,1972a. Pp.145-162.
– “Excavaciones en el Castillo de Miranda (Juslibol, Zaragoza)”, Noticiario Arqueológico Hispánico 1972 I. Madrid, 1972b. Pp.227-263.
– La Sedetania. Zaragoza, 1973.
– “Los sedetanos como instrumento de Roma: la importancia y la significación de la salduie ibérica en la romanización de la cuenca del Ebro”. Anejos del Archivo Español de Arqueología VII. Zaragoza, 1974. P. 105.
– “Para una mejor ubicación de Salduba”, Segovia y la Arqueología Romana. Segovia, 1977. Pp.171-176.
GALIAY, J.: Prehistoria de Aragón. Zaragoza, 1945, pp.130-131.
GRANADOS, J.O.: “La primera fortificación de la Colonia Barcino”. Papers in Iberian Archeology. BAR 193 I. London, 1984. Pp.264-295.
GUERIN, P.: “El asentamiento ibérico del Castellet de Bernabé (Llíria, Valencia). Informe preliminar”. XIX Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza, 1989. Pp.553-565.
HAUSCHILD, T.: “La muralla y el recinto superior romano de Tarragona. Nuevas aportaciones para su estudio”, Butlletí Arqueològic 1982-1983. Tarragona, 1987. Pp.101-140.
HOZ, J. y MICHELENA, L.: La inscripción celtibérica de Botorrita. Salamanca, 1974.
JUNYENT, E. y BALDELLOU, V.: “Estudio de una casa ibérica en el poblado de Màs Bosca, Badalona”. Principe de Viana, 126-127. Barcelona 1972, pp.5-67.
LAMBOGLIA, N.: “Opus certum”. Revista di Studi Liguri 24 (1-2). Bordighuera, 1958. Pp.158-170.
LEJEUNE, M.: Celtibérica. Salamanca, 1955.
LEVEQUE, P. y VIDAL-NAQUET, P.: “Epaminondas pythagoricién”. Historia 9. 1960. Pp.294-308.
LUGLI, G.: La tecnica edilizia romana. Roma, 1957.
MAESTRO, E. y TRAMULLAS, J.: “Elementos arquitectónicos en el yacimiento de Los Castellazos,, Mediana de Aragón, Zaragoza”. Simposi Internacional d’Arqueologia Ibèrica. Manresa 1989. Manresa, 1991. Pp.233-241.
MALUQUER, J.: “En torno a las fortificaciones del poblado del cerro del Sorbán en Calahorra”. Calahorra, bimilenario de su fundación. I Symposium de historia de Calahorra. Calahorra, 1984. P.54.
MARTIN-BUENO, M.: “Notas acerca de un yacimiento en Mediana de Aragón (Zaragoza)”. Caesaraugusta 33-34. Zaragoza, 1969-70.
MAZO, C. et Alii: Guia arqueologica del Valle de Matarraña. Zaragoza, 1987. p.101.
PELLICER, M.: “Yacimientos arqueológicos en Caspe”. Caesaraugusta I. Zaragoza, 1951. p.141.
– “Yacimientos arqueológicos en el término de Caspe”. II Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza, 1951. pp.391-394.),
QUESADA, F.: Armamento, guerra y sociedad en la necrópolis ibérica de “El Cabecico del Tesoro” (Murcia, España). BAR 502 (ii). London 1989.
RUIZ, A. y MOLINOS, M.: Los Iberos. Barcelona, 1992.
SANMARTI, E.: “Observaciones acerca del poblado de San Antonio de Calaceite en relación a su funcionalidad rectora en el poblamiento de su área de influencia”. Arqueología Espacial 4. Teruel, 1984. P.161.
SANMARTI, E. y SANTACANA, J.: “Les fortificacions ibèriques de la Catalunya central ì costanera”. Simposi Internacional d’Arqueologia Ibèrica. Manresa 1989. Manresa, 1991. Pp.127-147.
SCHUBART, H., FLETCHER, D. y OLIVER, J.: Excavaciones en las fortificaciones del Montgó, cerca de Denia, Alicante. Archivo Español de Arqueología XIII. Madrid, 1962.
SCHULTEN, A.: Sertorio. Barcelona, 1949.
TOVAR, A.: “Las inscripciones de Botorrita, de Peñalba de Villastar y los límites orientales de los celtíberos”. Hispania Antiqua III. Vitoria, 1973. Pp.367-405.
– Lenguas y pueblos de la antigüa Hispania. Lo que sabemos de nuestros antepasados protohistóricos. Vitoria, 1985.
UNTERMANN, J.: “Elementos para un atlas antroponímico de la Hispania Antigüa”. BPH VIII. Madrid, 1965.
VIDAL-NAQUET, P.: Formas de pensamiento y formas de sociedad en el mundo griego. El cazador negro. Barcelona, 1983.
WINTER, F.E.: Greek fortifications. London, 1971.

Por Jerjes.

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: