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EL ARMAMENTO PUNICO FRENTE A SAGUNTO: LA ARTILLERIA DE TORSI por Juan Ignacio Garay Toboso y Francisco Romeo Marugán. 1 septiembre 2007

Posted by paxceltibera in 01. DE LOS PUEBLOS DE LA PENINSULA IBERICA.
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EL ARMAMENTO PUNICO FRENTE A SAGUNTO: LA APARICIÓN DE LA ARTILLERIA DE TORSIÓN EN LA PENINSULA IBÉRICA.Juan Ignacio Garay Toboso y Francisco Romeo Marugán 

En “El Mediterráneo: hechos de relevancia histórico militar y sus repercusiones en España. V Jornadas Nacionales de Historia Militar”, Sevilla, 1997, Cátedra General Castaños, pp. 47-63.

En un reciente estudio de próxima aparición en la revista Gerión , tuvimos la oportunidad de aproximarnos con detalle y desde una nueva óptica, al manido pasaje de Tito Livio referente al asedio y toma de Sagunto por el ejército cartaginés.
En la presente comunicación pretendemos retomar el estudio de dicho pasaje, dado que a nuestro juicio constituye, por una parte, el testimonio de la introducción en esa época —finales del siglo III a.e.— de la artillería de torsión en la Península Ibérica, y por otro lado, evidencia al contingente cartaginés como su introductor.
Somos conscientes de que antes del pasaje saguntino el ejército púnico había actuado ya en el solar hispano, realizando un periplo de más de veinte años. Por esto mismo resulta difícil pensar que poseyendo los medios no hubiesen recurrido antes a la artillería.
No obstante queremos insistir en que, tal y como reza el epígrafe de esta comunicación, la primera mención específica de la utilización de la artillería como tal aparecerá en relación al asedio y toma de Sagunto , por lo que este pasaje será del que nos serviremos para realizar nuestro estudio.
Dos son los términos utilizados por Livio para hacer referencia a la artillería de torsión: catapulta y ballista. Términos que, como defendíamos en el citado artículo, eran los más frecuentemente utilizados para referirse a la artillería en tiempos de Augusto, época en la que Tito Livio redacta su obra.
Esta terminología parece provenir de la obra de Vitrubio, quien con las palabras catapulta o scorpio designa las piezas de artillería cuyos proyectiles eran flechas o dardos (sagitta) , y el término de ballista para referirse a los ingenios que arrojaban proyectiles de piedra .

ORIGEN DE LA ARTILLERIA DE TORSION Y SU DIFUSION
POR EL MEDITERRANEO
Centrándonos en el origen de las catapultas, parece comúnmente admitido que este tipo de ingenios militares surge como resultado del trabajo de un grupo de ingenieros que Dionisio el Viejo de Siracusa reúne en los últimos años del siglo V a.e. para preparar su ofensiva en la isla . Tenemos en contra la opinión de Plinio el Viejo , quien afirma solitariamente que el origen de estas armas es siriofenicio.
Pero poco es realmente lo que se sabe acerca de la naturaleza de estos primeros ingenios ; cabe deducir que fueron muy simples, escasamente poco más que un arco reforzado o compuesto sobre un soporte simple. Este arma, a medio camino entre el arco compuesto y la catapulta como tal, poseía un aspecto bastante similar a las ballestas, siendo denominada por los griegos gastrofeta . Era de reducidas dimensiones, lo suficientemente pequeña como para ser disparada por un hombre sobre su hombro, por lo que no estamos del todo de acuerdo con Soedel y Foley al considerar este arma como una catapulta, por más que sea su precedente directo, aunque en ocasiones pudo estar montada sobre un soporte, como señala acertadamente Marsden . Este ingenio consistía en sus modelos más primitivos en un simple arco de tensión reforzado o compuesto, montado sobre un soporte y con un sistema de retén para la cuerda. Su utilización a principios del siglo IV a.e. parece estar fuera de toda duda
Son estas lanzadoras de flechas u oxybolas, los primeros ingenios que ya podemos considerar como catapultas. Su sistema de propulsión era la tensión natural del arco, aunque para Marsden parece verosímil que la artillería de cuerda o neurobalística fuera inventada a principios de siglo por los mismos ingenieros de Dionisio . Con el nombre de neurobalística se denomina genéricamente a las piezas de artillería donde las fustas del arco se encuentran separadas, y cuyo principio de propulsión consiste en la torsión de un haz de fibras elásticas ; se insertaban sendas fustas del arco, completamente independientes una de otra, en un ovillo hecho de diversos materiales como las crines de caballo, los cabellos femeninos o los tendones de animales , y se unían ambas fustas por la cuerda, que sería la que le proporcionaría el impulso al proyectil.
La búsqueda de una mayor potencia hizo que se perfeccionase el sistema de torsión , diferenciándose entre máquinas palíntonas y eutítonas ; en las primeras las fustas o brazos se orientaban hacia adelante, y su uso se reservó para las catapultas de gran potencia, lanzadoras de piedras, mientras que las segundas tenían los brazos proyectados hacia atrás, reservándose su uso para las oxybolas. Existen claras diferencias entre ambos sistemas, que llevan a que la palíntona, con un ángulo de torsión mucho mayor, posea tres veces más fuerza que la eutítona para máquinas iguales y con la misma tensión .
En la construcción de estos ingenios se puso de manifiesto un considerable conocimiento matemático, siendo necesarios auténticos especialistas para su construcción. Posiblemente tengan razón los que digan que estos ingenios elevaron el status de los ingenieros griegos , que pasaron de estar mal considerados, como correspondía a toda persona que realizaba el trabajo con sus manos, a recibir honores o a impartir sus conocimientos a los efebos como parte esencial de la formación militar . Los obreros cualificados estaban a su vez bien considerados, y en caso de necesitarlos eran buscados y atraídos con altos honorarios
Estas máquinas llegaron a tal punto de perfección que incluso se llegó a cuestionar la eficacia de las murallas frente a estos ingenios, como hizo el mismo Aristóteles .

El uso de las oxybolas fue muy corriente sin duda alguna, y cuando Diodoro hace referencia a las catapultas, sin más precisiones, se refiere exclusivamente a estas catapultas lanzadoras de dardos . Aparecen por primera vez en una narración en el asedio de Metona del 354 , aunque podemos suponer que su uso en el solar griego es algo anterior .
Era una máquina de reducidas dimensiones, fácilmente transportable y fácil de colocar allá donde más interesase. Poseía una gran precisión , dándose el caso de que una reconstrucción realizada el siglo pasado de la catapulta de repetición de Dionisio de Alejandría partió uno de los proyectiles, que había lanzado antes, por la mitad con el siguiente . Su alcance era desmesurado para la época, se calcula en unos 300 o 400 metros en tiempos de Filipo II de Macedonia , y Diodoro menciona explícitamente que en uno de los asedios de Salamina, a finales del siglo, el arma de mayor alcance eran las oxybolas de tres spithamos , refiriéndose con esto a la longitud total del proyectil, unos 69,3 centímetros .
La oxybola era naturalmente de uso antipersonal dado lo limitado de sus efectos sobre el enemigo, no obstante su facilidad de manejo y lo relativamente reducido de sus dimensiones hizo que se le diesen multitud de usos . Se utilizó primero por parte de los asediadores y después por los asediados; concretamente se baraja la fecha del 340 en el asedio de Perinto para la colocación de artillería de cuerda en las murallas .
En las murallas la artillería se colocaba a lo largo del camino de ronda, o más comúnmente en las torres . También fue frecuente, a partir de Filipo II, la colocación de dichas catapultas en las torres de asalto . Esto no quiere decir que en situaciones excepcionales los asediados no bajasen a tierra estas máquinas; en el asedio de Megalepolis del 318, se deja penetrar al enemigo con los elefantes por una brecha en la muralla para cercarlos y derribarlos con catapultas instaladas en los flancos .
Es lógico suponer que esto mismo se repitiese en casos similares, colocando las catapultas en algún lugar estratégico, fuera del ámbito de los asedios a las ciudades y resulta difícil pensar que nadie se diese cuenta del valor táctico de estas máquinas para la defensa de un punto estratégico clave o para el mismo hostigamiento del ejército enemigo hasta el 207 a.e. en una de las batallas de Mantinea , cuando Macánidas de Esparta colocó estas máquinas a intervalos frente al ejército enemigo para destrozar su formación en falange macedónica . Esta es la opinión generalizada al respecto , pero tenemos constancia de la utilización táctica de catapultas por Alejandro Magno en la batalla de Tanaris, donde hizo colocar catapultas en una de las márgenes del río para hostigar al enemigo .
Las catapultas aparecen mencionadas en las fuentes con especial insistencia en la segunda mitad del siglo IV a.e., y su primera utilización , como ya vimos, se hizo en Motye por Dionisio el Viejo de Siracusa , personaje que resultó fundamental para el desarrollo técnico bélico. Su uso se repitió a lo largo de las acciones bélicas del tirano siracusano, y habrá que esperar al ya comentado asedio de Metona el 354 para encontrar a las oxybolas en acción en el solar griego, bajo Filipo II de Macedonia, quien ya poseía numerosas y variadas catapultas de este tipo en el asedio de Perinto. Con Alejandro Magno la catapulta pasará a ser un elemento habitual en el armamento del ejército y la encontramos en Halicarnaso , naturalmente en el asedio de Tiro , en el de Gaza de Palestina en 332, en el de Aornos , en Massaga . También sus enemigos poseían esta arma, como en Halicarnaso o Tiro . En los últimos decenios del siglo, en la época de los diadocos, su uso era intenso; ya lo hemos citado para los megalopolitanos el 318 y lo subrayaremos con Demetrio Poliorcetes, frente a Salamina en 307 , o frente a Rodas en 305-304 .
El principio de torsión dotó a estos ingenios de una potencia muy superior a la creada por los de tensión, potencia que permitió el desarrollo de otro tipo de catapulta, la petrobola o litobola, cuyo nombre parece provenir de un cuerpo especial de infantería que combatía tirando piedras .
La creación de estos ingenios parece que la podemos localizar, a juicio de Marsden , en Macedonia entre el 353 y el 341, pero en cualquier caso su utilización queda patente en el sitio de Halicarnaso por parte de Alejandro en el 334 a.e., quien las situó en torres móviles . Yvon Garlan pone en duda esta afirmación; desde luego ante el desarrollo de las torres para estas fechas y dadas las grandes dimensiones de este tipo de máquinas parece muy dudosa la afirmación de Arriano . En Tiro las volvió a utilizar, colocándolas esta vez sobre navíos , lo cual es bastante más verosímil si contamos con el potencial naval para estas fechas.
Al parecer las primeras de estas catapultas lanzaban proyectiles de unos cuarenta centímetros de diámetro y de un talento de peso, unos 26 kilogramos, alcanzando estos ingenios los siete metros de altura .
La utilización de estas catapultas no era evidentemente antipersonal, en un primer momento, como en Tiro , se utilizaron para destruir las defensas, mejor dicho, para desguarnecer la parte superior de las murallas y lograr que las diversas máquinas de guerra -arietes, torres, etcétera- y el ejército se pudiesen acercar sin ser hostigados por los defensores cubiertos y protegidos . También se utilizaron bombardeando literalmente a la población con trayectorias parabólicas, con el fin de sembar el pánico y favorecer las revueltas intestinas.
Los defensores tendían a colocar sus grandes catapultas tras las murallas, ya que no había sitio para ellas en las defensas, bombardeando al enemigo también por parábola , aunque pudiesen ser colocadas en las torres litobolas de menores dimensiones, que arrojaban proyectiles pequeños, de un peso entre 10 y 12 minas.
La utilización de estos ingenios no entrañaba tantas facilidades como la de las oxybolas, dadas las dimensiones de estas máquinas, que Garlan calcula hasta de casi ocho metros de altura , tamaño que veremos aumentado por otros autores. Los desplazamientos de esos materiales con el ejército suponían dificultades pese a que estas máquinas eran desmontables . Era necesario además un amplio emplazamiento para el tiro, con una sólida base para soportar el funcionamiento de estas máquinas que en sus modelos más potentes lanzaban proyectiles de tres talentos de peso, llegando a alcanzar no menos de nueve metros y medio de altura según las versiones menos generosas , como las que utilizó Demetrio Poliorcetes en Salamina el 307. Algunas de ellas parece ser que fueron colocadas en diversas plantas de su helépole , o frente a Munychia en el mismo año .
Los siglos siguientes vieron continuos experimentos con esos ingenios, como es el caso de la ya mencionada catapulta de repetición de Dionisio de Alejandría, pero en ningún caso se volvieron a construir catapultas para proyectiles de tres talentos de peso, que posiblemente obedecían a cierto espíritu megalómano del que no era carente Demetrio Poliorcetes o a la necesidad de minar el factor psicológico del sitiado.
Como hemos visto, la artillería de cuerda se fue difundiendo lenta y desigualmente por Grecia durante la primera mitad del siglo IV a.e.; así tenemos máquinas de tensión en Atenas hacia el 370 a.e. , mientras que habrá que esperar al 340 para que el Pireo se dote de catapultas de torsión . Como ejemplo revelador de esta desigual adopción de la catapulta podemos citar a Arquidamo III de Esparta, quién exclamó apenado tras ser derrotado el 338 a.e. junto a Manduria por Lucanios y Mesapios , al ver un proyectil de catapulta, que el coraje de los hombres se había vuelto inútil . Para encajar esta expresión en una fecha tan avanzada hay que contar con el conocido carácter espartano , pero no deja de sorprender que Arquidamo no esté habituado al empleo de catapultas en una fecha en la que, según Yvon Garlan, el silencio de las fuentes sobre el uso de este tipo de catapultas se debe a la normalidad y frecuencia de su utilización .
Partiendo del estudio de las fuentes escritas puede comrpobars que la difusión de estos artefactos, creados en el centro del Mediterráneo, se produjo desde el solar griego hacia occidente. Filipo II de Macedonia, con sus reformas militares de mediados del siglo IV a.C., fue el gran impulsor de esta tecnología, que difndría por todo el Mediteráneo oriental su hijo y sucesor, alejandro Magno.
Si partimos del hecho contrastado de que Dionisio I de Siracusa recurrió a ingenieros militares cartagineses para el desarrollo de la artillería, es lógico pensar que esta potencia mediterránea conociese sobradamente estas máquinas, máxime en un momento como el que nos ocupa, los últimos decenios del siglo III a.e., cuando, como acabamos de ver, ya se había desarrollado plenamente la artillería, siendo de uso común en el Mediterráneo.
Como elemento de contraste para poder precisar el tipo de armamento utilizado por el ejército púnico contamos con la descripción de Livio del arsenal capturado a los cartagineses en Cartago Nova en las postrimerias de la segunda guerra púnica . Livio comenta que este arsenal estaba formado por 120 oxybolas grandes, 281 pequeñas, 23 litobolas grandes y 52 pequeñas. A estas 476 catapultas hay que añadir 2500 oxybolas pequeñas que Livio, en un claro anacronismo, denomina scorpio.

CONCLUSIONES.
Enfrentados a la posibilidad de que los pueblos indígenas peninsulares poseyeran con anterioridad este tipo de armamento, realizamos un breve repaso por la panoplia ibérica, que nos permitió apreciar un panorama con notables influencias del entorno mediterráneo . No obstante, la arqueología nos indica que parece poco probable el uso de la artillería por parte de contingentes indígenas con anterioridad al momento que aquí nos ocupa. En primer lugar hay que tener presente que hasta el momento no se ha recuperado ningún elemento identificable como perteneciente a una pieza de artillería en un contexto indígena anterior a los contactos con Cartago y Roma. En segundo lugar hay que sumar a este hecho la opinión de Quesada quien considera, creemos que con acierto, que la total ausencia de puntas de flecha en contextos ibéricos clásicos responde a un “menosprecio o desprecio consciente del arco como arma poco noble, traidora y afeminada” . En ese caso la artillería, que responde al mismo principio que los arcos, sería rechazada por la misma razón, sin olvidar nunca el desarrollo tecnológico necesario para la construcción y el uso de estas máquinas.
Quedan numerosos indicios del intenso uso de la artillería de torsión en la Península Ibérica tras la segunda Guerra Púnica; dejando a un lado los relativamente frecuentes proyectiles de catapulta recuperados en no pocos yacimientos ibéricos de la geografía española , tenemos que subrayar las catapultas recuperadas en Ampurias y, sobre todo, en Caminreal (Teruel), donde se encontró en un ambiente doméstico un scorpio romano en excelentes condiciones, hasta tal punto que lo podemos considerar como la catapulta de época republicana mejor conservada del mundo romano . Su hallazgo en un espacio doméstico nos está indicando la facilidad de transporte y uso de estos elementos.
En el mismo sentido resulta especialmente importante el hallazgo de piezas pertenecientes igualmente a un scorpio en el uiversalmente conocido yacimiento del cabezo de Alcalá de Azaila . Este scorpio se encontraba situado en el templo in antis , justo ante la puerta principal, cubriendo un eventual desbordamiento de las defensas por este punto. Se recuperaron elementos de otro scorpio en Azaila sin que Cabré precisase su origen, sólo sabemos que fue recuperado en una “gran casa” , es decir, como en Caminreal, en un ambiente doméstico.
La cronología de las catapultas de Caminreal y de Azaila es coincidente; mientras que los restos azailienses hay que ponerlos en relación al asedio y toma de la ciudad en un contexto sertoriano, concretamente hacia el 76/72 a.e. , el yacimiento de Caminreal, una ciudad de nueva planta, muestra una única ocupación entre finales del siglo II y el primer tercio del I a.e. . En ambos casos encontramos el conflicto sertoriano en la proximidades, aunque éstas sean cronológicas, de la destrucción de los dos yacimientos.
De esta manera hemos de colegir que el uso de estos elementos, de la artillería de torsión ligera, es decir, los scorpios, fue relativamente intenso en el siglo I a.e. El hecho de que no se hayan recuperado más restos quizá pueda responder a la misma naturaleza material de los mismos, ya que el metal era reutilizado constantemente. En todos los casos el uso de la artillería está ligado a la presencia romana y su uso responde a la inciativa de Roma y nunca del componente indígena.

Todo esto nos llevará a concluir que la primera utilización de la artillería de torsión en el solar hispano vino de la mano del ejército Cartaginés, consolidándose su uso con la presencia romana. De nuevo el Mediterráneo habrá sido el elemento de transmisión cultural en el que la tecnología armamentística habrá viajado de la mano de los ejércitos de corte helenístico hasta llegar a la Península ibérica

ROMEO, F. y GARAY, J.I.: “El asedio y toma de Sagunto según Tito Livio XXI. Comentarios sobre aspectos técnicos y estratégicos”. Gerión (En Prensa).
Medios informáticos ….
En Vitrubio X, 10, 11, 1 se identifica catapulta con scorpio, aunque se establecen diferencias entre ambos ingenios en Vitrubio X, 1, 1, 8 y X, 10, 16, 1. Esta diferencia en razón a su tamaño aparece especificada en Vitrubio X, 10, 13, 3 y X, 10, 15, 4.
Los términos catapulta y scorpio aparecen opuestos a ballista, con el sentido que hemos comentado, en Vitrubio X, 10, 11, 1 y X, 10, 13, 7.
Dionisio les hizo venir desde todas las ciudades sometidas a su influencia, incluso dio acogida a cartagineses llegados por los altos salarios, según Diodoro, XIV, 41.
Sobre el origen de las catapultas con Dionisio el Viejo de Siracusa; Diodoro, XIV, 42; FERRILL, A.: The origine of war. London, 1985, p. 170; GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 124; GARLAN, Y.: Guerre et economiè en Grèce ancienne. Paris, 1989, p. 124; DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T. V, p. 363; GILLÉ, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, p. 23; HORNBLOWER, S.: El mundo griego. 479-323 a.e. Barcelona, 1985, p.208; MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p.16; MCNICOLL, A.: “Development in techniques of siegecraft and fortifications in the Greek world ca. 400-100 B.C.”. La fortificacion dans l’histoire du mond grec. Paris 1986, p.307, que da como fecha del descubrimiento de la catapulta el 403 a.C.; SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 92.
GILLÉ, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, p. 23 señala que esta preparación bélica con semejante desarrollo técnico se debe al sitio y toma de Selinunte por los cartagineses, que advierte a Dionisio de la necesidad de preparase contra este tipo de máquinas, según Diodoro, XIII, 54-55; “Las torres eran mucho más altas que las conocidas hasta entonces, y pronto se hizo chocar contra las murallas los arietes con cabeza de hierro que asimismo llevaron consigo”. Sobre esta misma influencia cartaginesa, LEVEQUE, P.: “La guerre à l’époque hellénistique”. Problèmes de la guerre en Grèce ancienne. Paris, 1968, p. 272. TARN, W.W.: Hellenistic military and naval developments. Cambridge, 1930, p. 102, señala irónicamente que los conocimientos en asedios de los cartagineses tenían un claro origen oriental, conocimientos que sería adquiridos y desarrollados por Dionisio de Siracusa y que a su vez pasaría a manos de los griegos, que acabarían dándole el desarrollo final precisamente con Alejandro, frente a Oriente.
En un sentido general, Hist. Nat.; VII, 56, más concretamente sobre las litobolas, Hist. Nat.; VII, 201, aunque la práctica totalidad de autores, como GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 214, desacreditan esta opinión.
GARLAN, Y.: Guerre et economiè en Grèce ancienne. Paris, 1989, p.124, expresa sus dudas con respecto a la naturaleza propulsora; la tensión o la torsión.
Yvon Garlan nos describe este arco, formado por una superposición de capas de tendones, en la parte exterior, una parte central de madera, y una interior de cuerno, que dotaban a este arma de una elasticidad y un alcance superiores a los demás arcos simples. GARLAN, Y.: La guerre dans l’antiquité. Paris, 1972, pp. 106-107.
GILLE, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, p.25.
SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p.91.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p.101.
SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 92 hacen hincapié en la creación de una juntura universal entre el pedestal y el soporte del arma o mango que se adelantaría a la atribución tradicional de este invento a Girolamo Cardano o a Robert Hooke en los siglos XVI y XVII d.C.
Jenofonte, Helénicas, II, 4, 27.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 16.
En cualquier caso es segura su invención en la primera mitad del siglo IV a.C. HARMAND, J.: La guerre antique de Sumer à Rome. Paris, 1976, p. 224
Posteriormente se experimentó con resortes de bronce o consistentes en pistones en los que se había creado el vacío en su interior. Filón de Bizancio, 4, 43, citado por LEVEQUE, P.: “La guerre à l’époque hellénistique”. Problèmes de la guerre en Grèce ancienne. Paris, 1968, p. 272., SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 95.
GARLAN, Y.: Guerre et economiè en Grèce ancienne. Paris, 1989, p. 124; FERRILL, A.: The origine of war. London, 1985, p. 172. Sobre la utilización del cabello femenino, que es considerado como el mejor para este fin, como fibras del sistema de torsión, TARN, W.W.: Hellenistic military and naval developments. Cambridge, 1930, p.114.
GILLÉ, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, p. 25 admite la posibilidad de que semejante diferenciación se diese ya en un principio, desde los tiempos de Dionisio de Siracusa, no obstante todo nos inclina a pensar a que se produjo mucho más tarde, al menos a mediados del siglo y ya en Macedonia.
Nombres dados por los ingenieros posteriores a Filón de Bizancio. GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 223.
GILLE, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, pp. 25-26.
SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 98.
Vitrubio, X, 16, 3.
Aristóteles, La constitución de los atenienses , XLII, 3.
Arriano, Anab., II, 21, 1, comenta que Alejandro hizo venir obreros especializados para el asedio de Tiro de Chipre y de toda Fenicia. Debido al origen de la mayoría de los ingenios de asedio en Asia, esta zona contaba con una gran tradición artesanal que motivó el que Demetrio Poliorcetes hiciese venir de allí artesanos para el asedio de Salamina el 304 a.C. Diodoro, XX, 93, 5.
Aristóteles, Política, VII, 10, 6.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 213.
Estrabón, VII, 22.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974,, p. 213.
Conocemos los pesos de algunas de estas catapultas, en concreto parece que las oxybolas de proyectiles de tres spithamos pesarían unos cuarenta kilogramos, mientras que los ejemplares más grandes, que lanzaban proyectiles de tres codos -casi dos metros-, llegarían a pesar no más de trescientos kilogramos. DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T.V, p. 366.
Aristóteles, Política, VII, 10, 6.
Esta catapulta no pasó del modelo experimental ya que suponía un gran gasto en unos proyectiles que debían tener exactamente las mismas dimensiones y características, y por tanto, eran caros. Su precisión fue otro factor en contra, pues hacía que se concentrasen los proyectiles en un espacio muy reducido, lo que no interesaba a efectos estratégicos.
SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 95.
HARMAND, J.: La guerre antique de Sumer à Rome. Paris, 1976, p. 224
Diodoro, XX, 49, 4.
Los dardos poseían unas medidas que oscilaban entre estos 70 y los 185 centímetros, según GARLAN, Y.: Guerre et economiè en Grèce ancienne. Paris, 1989, p. 124.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974,, p. 219.
Se llegó incluso, aunque posteriormente al siglo que nos ocupa, a lanzar los proyectiles al rojo para que se incendiasen las estructuras de madera. Vitrubio, X, 16.
GARLAN, Y.: “Fortifications et histoire grècque”. Problèmes de la guerre en Grèce ancienne. Paris, 1968, p. 253.
GARLAN, Y.: Guerre et economiè en Grèce ancienne. Paris, 1989, p.125.
En un principio estas torres no eran sino construcciones de madera dotadas de ruedas para su aproximación a las murallas. Su uso es muy antiguo y ya parece atestiguado en los textos de Mari para el antiguo imperio babilonio, entre el 1800 y el 1700 a.C. (GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p.163). Resultará muy importante su uso en la toma de Selinunte por parte de los cartagineses, impresionanado notablemente a Dionisio de Siracusa (Diodoro, XIII, 54-55). Estas torres solían poseer la cara expuesta al fuego enemigo recubierta de algún material aislante, frecuentemente cuero o incluso placas de hierro. Hay un tipo entre estas torres de asalto que posee nombre propio; son las llamadas helepóles o “tomadoras de ciudades”, torres sumamente complejas y armadas con todo tipo de material bélico, como las mismas catapultas o incluso arietes.
Diodoro, XVIII, 70, 2-6; 71, 2-6.
Esta estratagema se debió a Demis, que había luchado con Alejandro Magno en Asia, y conocía por tanto las cualidades y defectos de los elefantes, que al verse acosados enloquecieron y los que no fueron derribados allí mismo, dieron la vuelta y cargaron contra su propio ejército. GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 215; MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 104.
Máxime cuando sabemos que en época de Aristóteles el manejo de este tipo de máquinas era disciplina obligatoria en la formación de los efebos. Aristóteles. La constitución de los atenienses, XLII, 3.
Polibio XI, 12, 4.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T.V, p. 369.
HARMAND, J.: La guerre antique de Sumer à Rome. Paris, 1976, pp. 187-188, LEVEQUE, P.: “La guerre à l’époque hellénistique”. Problèmes de la guerre en Grèce ancienne. Paris, 1968, p. 272.
Arriano, Anab., IV, 4, 4, citado por DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T. V, p. 368.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T. V, p. 363.; MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 99.
Diodoro, XIV, 42-43.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 213.
Diodoro, XVI, 74, 4.
Arriano, Anab., I, 22,2.
Diodoro, XVII, 42, 7; 43,1; 45, 2-3.
Arriano, Anab., II, 27, 4. En este asedio un dardo lanzado por los asediados traspasó el escudo y la coraza de Alejandro y le hirió en el cuello, SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 95.
Arriano, Anab., IV, 29, 7.
Arriano, Anab., IV, 26, 5.
Diodoro, XVII, 24, 6.
Diodoro, XVII, 41, 3.
Diodoro, XX, 48, 1.
Diodoro, XX, 83, 1.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 214.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 60.
Será aquí donde aparezcan por primera vez utilizadas las litobolas, y no en el sitio de Tiro, como afirmaban varios autores como TARN, W.W.: Hellenistic military and naval developments. Cambridge, 1930, p. 105.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 214; Marsden, E.W., 1969, p. 101.
Arriano, Anab., I, 22, 2.
Parece ser que lo que describe Arriano no es sino un sistema para lanzar piedras, haciéndolas rodar, sobre las murallas, aprovechando la mayor altura de las torres móviles. GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 216. Hemos comentado con anterioridad el emplazamiento en las torres de asedio de oxybolas de dimensiones considerablemente menores, ya con Filipo II de Macedonia.
Diodoro, XVIII, 42, 7.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T.V., p. 365.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 103.
SOEDEL, W. y FOLEY, V.: “Catapultas antiguas”. Investigación y ciencia 32. Madrid, 1979, p. 96.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T.V., p. 366.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 223.
Las más pesadas se transportaban por vía marítima, mientras que algunas piezas o las más ligeras, eran llevadas por el ejército mismo. Diodoro, XVII, 22, 5.
Así lo paren indicar los inventarios de los arsenales marítimos de Atenas, estudiados por GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 220.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, T.V, p. 366.
Diodoro, XX, 48, 1.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 105; Diodoro, XX, 48, 2-3.
Diodoro, XX, 45, 1-5.
El comentario de que la helépole de Demetrio Poliorcetes construída para el asedio de Rodas en el 304 a.C. podía resistir el impacto de un proyectil de tres talentos (GILLÉ, B.: La cultura técnica en Grecia. Barcelona, 1985, p.52.), nos obliga a pensar que los defensores también poseían lithobolas de esta capacidad, y que estos ingenios no estaban “monopolizados” por una potencia, o por un ingeniero, sino que eran de construcción costosa, pero común.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 67.
MARSDEN, E.W.: Greek and Roman Artillery: Historical development. Oxford, 1969, p. 68.
BENGTSON, H.: Griegos y Persas. El mundo mediterráneo en la edad antigua I. Madrid, 1989, p. 226.
DAREMBERG, M.C., SAGLIO, E.: Dictionnaire des antiquités grècques et romaines. Paris, 1892, Tomo V, p. 363.
Es de sobra conocido el rechazo en la guerra clásica hoplítica o guerra al “viejo estilo” (GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, pp. 20-44.) del uso de las armas arrojadizas y del arco en concreto. Este es el caso semi mítico de la guerra entre Calcis y Eretria (Estrabón, X, 1, 10), ciudades que acordaron librar una batalla en campo abierto sin ningún tipo de arma arrojadiza (DETIENNE, M.: “La phalange. Problèmes et controverses”. Problèmes de la guerre en Grèce ancienne. Paris, 1968, p. 124). Eurípides mismo escribió a finales del s. V a.C. que “Para un guerrero la prueba de la bravura no es el tiro con arco,; consiste en quedarse en el puesto y ver, sin bajar ni desviar la mirada, atacar frente a él a un campo de lanzas cerrado” (Eurípides, Heracles, 162-164, citado por GARLAN, Y.: La guerre dans l’antiquité. Paris, 1972, p. 109), pero este rechazo parece que no se quedaba en meros códigos de valor, sino que durante el desarrollo de campañas violentas, se marginaba el uso del arco de un modo sustancial. (WARDMAN, A.: “Tactics and the tradition of the Persians wars”. Historia. London, 1959, p. 52.). Esta concepción cambiaría radicalmente, como veremos en otros capítulos, en el siglo IV a.C.
GARLAN, Y.: Recherches de poliorcetique grècque. Paris, 1974, p. 216.
Liv. XXVI, 47, 5.
Incluso la aparición de complejas panoplias en las tumbas nos parecen remitir, en opinión de Almagro-Gorbea, a monarquías de tipo heroico, de corte mediterráneo. ALMAGRO-GORBEA, Martín:”Las necrópolis ibéricas en su contexto mediterráneo”. Congreso sobre arqueología ibérica: Las Necrópolis, Madrid, 1992, p.44.
QUESADA, , F.: “La utilización del arco y las flechas en la cultura ibérica”, Trabajos de Prehistoria 46. Madrid, 1989, p.193.
Con mayor frecuencia proyectiles de litobola, con pesos que abarcan desde los 24-26 kilogramos, es decir, un talento, hasta los 200 gramos. En estos momentos nos encontramos efectuando un análisis balístico de los proyectiles recuperados en el trascendental yacimiento del Cabezo de las Minas, Botorrita; la antigua Contrebia Belaisca.
MARTINEZ GAZQUEZ, J.: La campaña de Catón en Hispania. Barcelona, 1992, figs.6-7.
Los excavadores señalan que esta catapulta se encontraba desmontada y, por tanto fuera de uso, no obstante sigue extrañando su hallazgo en un medio doméstico, por más que aparezca una relativa concentración de armamento en torno al patio central. Resulta especialmente interesante el hecho de que la mayoría de estas armas fuesen arrojadizas; incuso se encontraron glandes de honda pegados todavía a la matriz de fundición. (VICENTE REDON, J. et Alii: “La Caridad (Caminreal, Teruel)”. La casa urbana hispanorromana. Zaragoza, 1991, p.116).
CABRE, J.: Corpus Vasorum Hispanorum. La cerámica de Azaila, Madrid, 1944.
CABRE, J.: “Los bronces de Azaila”, AEA I, Madrid, 1925, p.310.
CABRE, J.: Corpus Vasorum Hispanorum. La cerámica de Azaila, Madrid, 1944.
BELTRAN, M., 1984, p.146.
VICENTE REDON, J. et Alii: “La Caridad (Caminreal, Teruel)”. La casa urbana hispanorromana. Zaragoza, 1991, p.82.

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