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Un Largo viaje desde Itaca a Macondo. 29 agosto 2007

Posted by paxceltibera in 03.DEL ARTE Y LA CULTURA EN GENERAL.
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La alegoría del olvido de los “comedores de loto” homéricos y la dimensión imprevisible de los sueños.

El loto, planta de agua dulce de la familia de las Nymphaeaceae crece en los lodazales y produce una flor que fue venerada en el brahmanismo como “Madre de la creación”, y hasta Brahma, soberano de todos los dioses provenía de la flor del loto.
Símbolo de un “estado de ensimismamiento” fundamental en las técnicas Shakyamuni, en el Sutra del loto se expresa la verdad universal e innata: la naturaleza de Buda.
La perfección de la flor del loto y su aroma embriagador han contribuido a forjarle una imagen mística y sagrada. La belleza femenina fue comparada a la del loto, como en estas líneas:
OH, divino mío, OH, mi flor de loto
Amo ir a bañarme ante ti
Te permito contemplar mi belleza
Vestida con fino lino
Empapada en ungüento perfumado
Me sumerjo en el agua para estar contigo
Y salgo a la superficie con un pez rojo
Que aparece espléndido entre mis dedos
Y lo pongo ante ti
Vamos! Mírame!
En China con la dinastía Sung, surgió la costumbre de vendar los pies de las niñas entre los 4 y 9 años. Los pies pequeños, los “pies de loto dorado”, (llamados así por que el balanceo al caminar era similar al del loto mecido por el aire,) eran el mayor símbolo de belleza y perfección de una mujer. Los pies de loto dorado no sólo eran una imagen de belleza sino de sensualidad, considerándose que el juego de la caricia de los pies femeninos formaba parte del erotismo chino. El dolor y sufrimiento que pagaban las mujeres por la belleza las acompañaba toda la vida. Las vendas no debían ser retiradas a riesgo del crecimiento indeseado salvo para la higiene, y las bellas cumplían con el lavado ritual en las aguas del santuario donde los dioses mitigarían sus dolores.

En la odisea, canto X leemos que Ulises en su viaje de regreso a Itaca arribó a la tierra de los lotófagos:
“…los que comen flores de alimento. Descendimos a tierra, hicimos provisión de agua y al punto mis compañeros tomaron su comida junto a las veloces naves. Cuando nos habíamos hartado de comida y bebida, yo envié delante a unos compañeros para que fueran a indagar qué clase de hombres, de los que se alimentan de trigo, había en esa región; escogí a dos, y como tercer hombre les envié a un heraldo. Y marcharon enseguida y se encontraron con los Lotófagos. Éstos no decidieron matar a nuestros compañeros, sino que les dieron a comer loto, y el que de ellos comía el dulce fruto del loto ya no quería volver a informarnos ni regresar, sino que preferían quedarse allí con los Lotófagos, arrancando loto, y olvidándose del regreso. …”

Este estado de “ensimismamiento”, de languidez, de presente constante que lleva al olvido, es relatado por Lord Tennyson en su poema “The lotus eaters”, (1842)

. . . How sweet it were, hearing the downward stream,

With half-shut eyes ever to seem
Falling asleep in a half-dream!)
…………………………………………….
To dream and dream, like yonder amber light,
Which will not leave the myrrh-bush on the height;
To hear each other’s whisper’d speech;
Eating the Lotus day by day,
To watch the crisping ripples on the beach,
And tender curving lines of creamy spray;
Con la idea estructural de Homero, años después de Tennyson, James Joyce escribe su Ulises. En sus cartas a Carlo Linati, Joyce realiza los siguientes comentarios sobre el capítulo 5, “The lotus eaters”:

“It is also a kind of encyclopaedia. My intention is not only to render the myth sub specie temporis nostri but also to allow each adventure (that is, every hour, every organ, every art being interconnected and interrelated in the somatic scheme of the whole)to condition and even to create its own technique. Each adventure is so to say one person although it is composed of persons–as Aquinas relates of the heavenly hosts.” (letter from Joyce to Carlo Linati, 21 September 1920, Letters 1:146-47, Selected Letters, pp. 270-71)

La búsqueda simbólica del hijo por parte de Leonard Bloom en las 24 horas del día 16 de junio de 1904, se equiparan al viaje del Ulises homérico. Del capítulo 5 de Joyce, dos fragmentos plenos de imágenes.

“Angry tulips with you darling manflower punish your cactus if you don’t please poor forgetmenot how I long violets to dear roses when we soon anemone meet all naughty nightstalk wife Martha’s perfume.”

(“Enojada tulipán con vos querido hombreflor castigarte tu cactus si vos no por favor pobre nomeolvides cuánto extraño violetas a queridas rosas cuándo nos pronto anémona a encontrar todo travieso acecho de noche mujer el perfume de Martha.)

“Enjoy a bath now: clean trough of water, cool enamel, the gentle tepid stream. This is my body.”
(Disfrutar de un baño ahora: limpio pesebre de agua, fresco barniz, la suave y tibia corriente de agua. Este es mi cuerpo.)

En 1945, William Somerset Maugham edita su obra “The lotus eater”.Narra la historia de un hombre que decide abandonar su vida habitual para establecerse libre de obligaciones en Capri.
El estado de pérdida se encuentra también en “Cien años de soledad”, cuando García Márquez relata la peste del insomnio.

“…la india le explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado .”(Cien años de Soledad, p. 42).

Felices por que su día es más productivo, se abocan a sus actividades. Aureliano en el taller y Ursula en los animales de caramelo que transmitirán la enfermedad al resto de pueblo.
Dispuestos a combatir el olvido optan por el artilugio de Aureliano Buendía de pegar carteles en los animales y objetos explicando su nombre y función, a medida que la enfermedad avanza, colocan en la entrada del pueblo un cartel, “Dios existe”. Pero la pérdida de los recuerdos los lleva a buscar la historia mítica inventada por las barajas de Pilar Ternera.
La figura de Melquíades es la encargada de traer la curación:
“…Los ojos se le humedecieron de llanto, antes de verse a sí mismo en una sala absurda donde los objetos estaban marcados, antes de avergonzarse de las solemnes tonterías escritas en las paredes» “(“Cien años de Soledad”p. 46)

La memoria es motor fundamental en la concepción del mito. El recuerdo de los orígenes es el nexo entre el presente y el futuro. El olvido y la embriaguez de un presente constante, equivalen a la pérdida de la vida espiritual.
Un transcurrir, eating the lotus, day by day.

Silmarillion.
 

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