jump to navigation

GAIVS IVLIVS CAESAR – El Inevitable “Divus Ivlivs” 29 agosto 2007

Posted by paxceltibera in 02. DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO.
trackback

 

Cayo Julio César nació el 13 de Julio del 100 a.C. en una familia patricia, los Julio. Su padre, de igual nombre y que llegó a pretor, lo levantó en alto y lo reconoció suyo, y su madre, Aurelia, recordó que eran descendientes de Venus (y del troyano Eneas). Juntos imaginaron el destino del niño que había de darles grandes alegrías.
Tuvo, además, dos hermanas, Julia La Mayor y Julia La Menor.

La educación de César fue estricta incluso para un romano. Su madre ejercía una influencia y un control total sobre él, “tanto en el juego como en el estudio”.
El padre de César tenía contactos y crió a su hijo en el contexto de las ambiciones políticas y de las artimañas diplomáticas, cosa no obstante común en cualquier romano. Pero no tuvo mucho tiempo pues, según Suetonio, murió cuando César contaba con quince años de edad.

Roma en época de César era una República con muchos episodios agitados.

En el 91 a.C. había estallado una revuelta de los italianos contra Roma, suscitada por varias razones, entre las cuales se encontraba el hecho de la desigualdad que imponían los romanos al resto de pueblos italianos en cuestión de derechos de ciudadanía, que al final terminaron consiguiendo.
Tras ello, Mitrídates, rey del Ponto, invade Asia, provincia romana. Por este mando en Oriente, Cayo Mario y Sila rivalizan, el uno (tío de César) ya viejo pero ambicioso, y el otro joven y letal, comienzan a desbaratar el orden de la República con una guerra política y finalmente militar que se extendió incluso hasta después de que Sila entrase en Roma por la fuerza.

La dictadura de Sila tras acabar con Mario, que recuperó el poder en el 87 a.C. efímeramente y murió en el 86 a.C. víctima de la bebida, hizo de los comienzos del siglo un presagio de lo que había de suceder después. Por vez primera entraba un romano con un ejército a sus espaldas en Roma, para ejercer su poder. Pero a partir de aquí se haría bastante usual, paradójicamente, teniendo muy en cuenta que en aquella época y en las anteriores, los romanos no podían ni oír hablar de reyes y similares.
Aunque Sila no retuvo el poder en sus manos definitivamente, fue un claro ejemplo de lo que puede llegar a pasar cuando un régimen democrático, pero aún así basado en la riqueza y la ambición de los hombres por mejorar su carrera, se desarrolla sin límite.

Sila cambió de cargos continuamente pasando de dictador a cónsul, y acabó realizando una lista de proscritos, aliados de Mario además de enemigos propios, entre los que César se encontraría inevitablemente.
Así que César se esconde una temporada, y teniendo en cuenta que repudió a su primera esposa Consucia, para casarse con la hija de Cinna (aliado de Mario y heredero del régimen que éste pudo imponer en el 87 a.C.), Cornelia, y que César no la repudió a pesar de los intentos de Sila para que ello sucediese, vemos cómo demostró César tener una cierta lealtad y convicciones hacia su facción de los populares, además de ambición. Sila le quitó las magistraturas, perdonándole la vida a petición de los parientes de Aurelia, Mamerco Emilio y Aurelio Cota y según Suetonio, también lo pidieron las vírgenes vestales.

César pudo al fin elegir una vía de escape apetecible. Puesto que ya no era Sacerdote de Júpiter (flamen dial), podía montar a caballo y ejercer una carrera militar que, de todas formas, necesitaba para escalar en la vida política.
Marchándose medio exiliado a Oriente, donde Mitrídates seguía amenazando a Roma; su moderna moda y su carácter le hicieron muy popular, y Nicomedes, rey de Bitinia (del que se dice fue su amante), le tomó en consideración prestándole la flota y permitiéndole así unirse al asalto de Mitilene, donde demostró su valor y obtuvo por ello la corona cívica, que le procuraba respeto y honor, al salvar la vida aunos compatriotas en la batalla.
En esa campaña se quedó aprendiendo y ejerciendo en Cilicia, hasta la muerte de Sila en el 78 a.C. que volvió a Roma.

Sus dotes populistas, su comportamiento abierto, su apariencia moderna y a la última moda, en fin, su populismo en general, le hizo contrastar con la Roma dejada por Sila, y el pueblo pudo ver además las buenas dotes de orador de César cuando éste se inmiscuyó en un proceso criminal contra un antiguo oficial de Sila, que fue absuelto, no sin dar a César la oportunidad de quedar como un hombre cultivado y letal. Además, estaba haciendo conscientemente mucho ruido, ya que era claramente opuesto a las medidas que Roma vivía por legado de Sila y su constitución. De este modo, cuando el proceso absolvió al acusado por César de concusión, éste huyó a Rodas para calmar los ánimos y escapar a un posible apresamiento. La sombra de Sila era aún fuerte.

Allí, en el viaje invernal a la escuela de oratoria de Molón, sucedió el apresamiento de mano de unos piratas, cerca de la isla de Farmacusa, quedándose cautivo de ellos durante cuarenta días. Se cuenta que al mandar a sus esclavos y sus compañeros a por el dinero del rescate, pidiendo los piratas veinte talentos de oro, César gruñó que al menos él valía unos cincuenta… al final la suma fue de ciento cincuenta talentos, según Suetonio. Según desembarcaron, cumplió su promesa hecha a los piratas, día tras día, de que los perseguiría y los crucificaría. Al mando de una flota, este hecho se consumó con la única clemencia de cortarles el cuello antes de la crucifixión.

Esto sucedió en un momento en el que los piratas campaban a sus anchas en el mediterráneo, aunque en el 102 a.C. Marco Antonio, buen orador romano, fue enviado con una flota a Cilicia en contra de ellos y obtuvo una victoria que no fue tal, ya que sólo consiguió hacerles huir, esconderse y reagruparse. Pero los piratas fueron una grave amenaza para el comercio de la República que había de durar aún años. En el 74 a.C. el hijo del orador citado, llamado también Marco Antonio, fue enviado de nuevo a derrotarlos, pero sucedió al revés y los piratas obtuvieron una victoria clara.
Un año después estalló la revuelta de los esclavos, encabezada por Espartaco y que detuvo, en cierto modo a duras penas, M. Licinio Craso.

César regresó a Roma y fue nombrado tribuno militar. El tribunado era un cargo que Sila hizo desaparecer por motivos políticos (el tribuno vetaba leyes y era el vínculo con la plebe), y César junto con otros, hizo todo lo posible por restablecerlo.
Fue hecho Cuestor.

Murió Cornelia y se casó con Pompeya, hija de Quinto Pompeyo, pero la repudió poco después por un escándalo de adulterio con Clodio (que por cierto, fue secuestrado también por los piratas ocho años después que César), importante figura en los acontecimientos venideros de la República, en unas fiestas religiosas prohibida para los hombres donde se dice que entró vestido de mujer.
Se le envió a la Hispania Ulterior, donde visitó el templo de Hércules, y la estatua de Alejandro que allí había (donde se comparó al macedonio y le entristeció no haber conseguido aún suficiente gloria), y las colonias latinas.
Se le nombró edil, en el 65 a.C. y se dice que conspiró con Craso, L. Autronio y P. Sila, para que Craso fuese nombrado “dictator” y César “magister equitum” y de ésta forma devolver a Autronio y a P. Sila el consulado que les quitaron por ser acusados de cohecho. Todos estos episodios y tejemanejes políticos, de acusaciones y conjuraciones, marcaron este siglo de la República. La carrera de ambiciones políticas en las que se basaba Roma, estaba en un punto muy caliente.
Ser edil significaba que eras responsable de organizar los espectáculos públicos. Teniendo en cuenta la personalidad populista y popular de César, siempre a la última moda y siempre dando espectáculo, era un puesto que le trajo varios retos y alegrías.
Combatieron, gracias a él, por primera vez gladiadores con las armaduras de plata y los trofeos de Mario fueron repuestos de donde se habían quitado, entre otras cosas.
Todo esto le reportó fama pero aumentó sus deudas. César necesitaba un cargo más importante, y que acababa de quedar vacante. Era un puesto que confería autoridad moral, una mansión en la vía sacra y la oportunidad de llevarse ese prestigio a la tumba.
Ganó las elecciones a Quinto Lutacio Cátulo, ex – cónsul , sobornando a una escala tremenda a los electores y echando un órdago económico y político que le salió bien.

Siendo pretor, sucedió la conjuración de Catilina, que reunió un ejército en el norte de Italia con objeto de dar golpe de estado. Marco Tulio Cicerón, deseando que no se propagase de nuevo la violencia y la guerra civil, una vez que se descubrió el asunto y se enunció a los culpables en el Senado, hizo lo posible por no salpicar a Craso ni a César, pues no era buena idea machacar a estos poderosos en ese momento. César, no obstante, fue partidario de suavizar las penas impuestas por el senado. Catón, conservador romano hasta la médula, hizo lo posible para lo contrario. Este enfrentamiento terminó con la victoria de la postura (de pena de muerte) de Catón contra la de César, (cadena perpetua para los conspiradores). Cuando salió al fin la lista de sentenciados, ni César ni Craso se encontraban en ella.

En el 60 a.C. estando en su provincia, la Hispania Ulterior, como gobernador terminada la pretura, se percató de las posibles glorias que podía conquistar si sometía al poder romano las costas occidentales del noroeste de Hispania, en la región de Gallaecia, donde Décimo Bruto no había podido mucho tiempo antes imponer la ley romana. De éstas regiones sufrían acoso los aliados de Roma. César sometió a los nativos de los montes Herminios (Sierra de la Estrella), y de esa zona del Duero y del Tajo. Tomó Brigantium gracias a la flota que pidió de Gades, pero, sin dejar más huella que esa en la región, se marchó en pos de su triunfo en Roma.

En este momento, se encontró con que en el Senado, donde las artimañas nunca acababan y donde se mantenía una eterna y densa guerra entre facciones, le habían tendido una emboscada. O bien celebraba el triunfo y entraba en Roma dispuesto para ello, con su cargo militar, o bien entraba en Roma como particular y por lo tanto no recibía el desfile del triunfo (en carro, tirado por cuatro caballos, con la cara pintada de rojo y un esclavo recordándole su mortalidad, era un prestigio al que seguramente costaba mucho renunciar) pero podía acceder al consulado que se avecinaba. La meta de César era el consulado. Pidió que hiciesen una excepción de ésta regla. Catón y compañía se negaron. Finalmente, se presentó al consulado.

Con la ayuda de los sobornos tanto suyos, como de Pompeyo, ganó las elecciones junto con Bíbulo, de quien era partidario Catón. Pero Bíbulo no pudo más que ser humillado y reducido en ese consulado, César hacía y deshacía leyes a su antojo y al antojo de sus aliados políticos, que no eran otros que Pompeyo Magno, que pretendía escalar aún más en su carrera por la gloria, y Marco Licinio Craso, que aún no se dejaba ver.
El triunvirato fue ya un hecho desde entonces y se extendió varios años, incluso cuando el consulado de César terminó. Cabe apuntar que Pompeyo y Craso no se tenían mucha estima, al ser ambos rivales por la popularidad y el poder y por algunas otras artimañas. Aún con todo, se decía que había dos cónsules, pero que eran Julio y César, mostrando así qué poco poder poseía Bíbulo.

Catón quiso humillar a César procurando a los cónsules, en vez de provincias o conquistas gloriosas, la tarea de acabar con bandidos y rebeldes en Italia, que aún iban y venían desde lo de Espartaco. César contestó a esta estrategia, promulgando una ley agraria beneficiosa para los veteranos de Pompeyo, los cuales, llenaron el foro de Roma. Llevó la ley al foro tras ser obviamente criticada por Catón. Bíbulo perdió los nervios insultando a los votantes. Catón esperaba que César, al llevar esta ley a su cumplimiento y oponerse por lo tanto al Senado, fuera tarde o temprano derrotado en su carrera política. Pero Craso hizo aparición al final apoyando la ley. Catón no lo esperaba y se le cayó el mundo encima. César y Pompeyo, sobre todo Pompeyo, eran poderosos, pero Craso era muy rico y también poderoso, y sutil. No podía con los tres. César acorraló al Senado haciéndoles jurar la nueva ley. Catón no quiso, ni Metelo Celer, pero Cicerón les convenció de que cedieran para luchar otro día.

César consiguió, pues, las provincias de “Illyricum” y la “Galia Comata”. Catón creyó que al menos esas provincias no darían mucho de sí al ambicioso cónsul. Pero César, tenía en mente, quizá, realizar alguna acción en Dacia, debido a las riquezas de este reino. Finalmente, una eventualidad que ocurrió en la Galia transalpina le puso los dientes largos, trasladando sus planes bélicos a esa región.

Cuando terminó su consulado, trataron de acusar a César de los hechos de su gobierno y de sus irregularidades. Pero tras tres días de charlas interminables, César partió sabiamente a su provincia, y al estar al servicio de la República, fuera de Roma, se libró de estos juicios.

César reforzó su alianza con Pompeyo ofreciéndole a su hija Julia como esposa. Y tanto que acertó, que ambos se amaron verdaderamente.

Comienza su campaña de las Galias en el 58 a.C., cuyos logros le confieren un mayor poder y popularidad, cosa que no gustaba en absoluto a los senadores empezando por Catón y Cicerón; mientras, en Roma el triunvirato es disuelto y los disturbios crecen hasta lo más alto; todo esto desemboca en la guerra civil, de la cual sale victorioso, y sin proclamar la eliminación de la República pero siendo dictador por tercera vez, es asesinado en un acto simbólico aunque inútil por los derrotados republicanos en el senado, dando paso a la prolongación de la guerra civil y al Imperio de Octavio Augusto, César Augusto, Octaviano, en fin, el sobrino e hijo adoptivo de Cayo Julio César.

GUERRA DE LAS GALIAS, 58 a.C. – 52 a.C. (próximo artículo)

Caio Julio César, cruza el Rubicón en el 49 a.C., como un nuevo Sila, aunque con mucho más poder y ambición, y también con mayor razón, puesto que o lo hacía y se defendía o el Senado hubiese echado por tierra todos sus triunfos y su fama y lo hubiese juzgado y humillado; y tras ésta decisión, de la que dudó un poco (aunque lo más seguro es que lo tuviese planeado meses antes) aludiendo a su simpatía por los dados, exclamó ” alea iacta est “, (” la suerte está echada “). El Senado de Roma, con Pompeyo a la cabeza, que ejercía ahora el papel de salvador de la República, evacuó Roma; fue muy criticado y perdió mucho apoyo del pueblo tras ésta decisión.

GUERRA CIVIL, 49 a.C. – 45 a.C. (próximo artículo)

Tras las guerras, en las que César lo que hizo fue limpiar su honor de todas las manchas sufridas a lo largo de su carrera política además de obtener el poder que tanto ansiaba todo romano, todo había cambiado. Craso murió en su ambiciosa y absurda campaña contra los partos, en una matanza sin piedad que fue la masacre de Carras, Pompeyo se había vuelto contra él, al morir su esposa, la hija de Julio, y la facción de Catón se había cuidado bien de hacer campaña contra su figura, el caos y las bandas criminales, políticas o no, campaban a sus anchas por Roma.
Tras las batallas más decisivas de la guerra civil, se vio envuelto en la pelea por el trono entre Ptolomeo XII y Cleopatra. Además del episodio de la cabeza de Pompeyo (que Ptolomeo hizo cortar y entregar a César para ganarle como partidario), César optó por ser partidario de Cleopatra, aunque dijo querer ser sólo el árbitro de la subida al trono, al quedar prendado de ella cuando la desenrollaron de una alfombra (para llevarla a su presencia en el palacio de Ptolomeo), en la que iba metida al ser fugitiva en Alejandría, donde su hermano más poder tenía. Cleopatra tenía más apoyo en el Egipto antiguo, anunciándose como la reencarnación de Isis, ganándose así el favor de aquel Egipto faraónico, olvidado en el sur. A Cleopatra también le entusiasmó César, aunque éste quedó tan entusiasmado por ella como por Servilia, la madre de Bruto (se dice que éste podía ser hijo de César) que era su amor de juventud.

De César siempre se dijo que era muy promiscuo, no obstante. Encontramos rumores como el haber seducido a la mujer de Craso y a la de Pompeyo, entre otras.

Ptolomeo, bajo los consejos manipuladores de Potino (su eunuco consejero, cerebro del asesinato de Pompeyo), ordenó hostilidades contra César, por medio de Aquilas, que estaba al mando de unas tropas numerosas. Intentaron acorralar a César y a sus tropas, pero, mandando éste cohortes por las calles, a pesar de su inferioridad, resistió el ataque. Intentaron también hacerse con la flota romana que había en puerto (algunos creen que también se quemó la Biblioteca en este episodio, aunque hay otras versiones). César quemó las naves que intentaban secuestrar y desembarcó a sus soldados en la isla de Faro, la cual fortificó. Finalmente, lo que César llamó “la guerra de Alejandría”, terminó en victoria romana, al poder recibir suministros y apoyo, los romanos, de las regiones limítrofes.
Una vez puesta Cleopatra en el poder, ya que Ptolomeo huyó de Alejandría y murió ahogado en el Nilo, y una vez embarazada de Cesarión, César gastó aún dos meses en Alejandría con su amante. Mientras tanto, el gobierno en Roma de Marco Antonio, segundo de César, creaba muchos disturbios, Farnaces, hijo de Mitrídates, invadió el Ponto. César venció en una rápida intervención, en Zela, y burlándose de Pompeyo dijo que “menudo general que ha conseguido tanta fama contra un enemigo tan débil”, en relación con las victorias de Pompeyo en Oriente contra Mitrídates. También aquí, exclamó la famosa frase “vine, ví, vencí”, como mofa hacia Pompeyo por la rapidez de la victoria de César, ya que Farnaces no resistió apenas al ejército de Julio César.

En África Catón y Escipión formaban un ejército numeroso y en Hispania, seguidores de Pompeyo se rebelaban.
César llegó a África y venció al ejército de Catón, cuyos restos huyeron por mar, aunque Catón, conservador e idealista hasta el fin, se quedó y suicidó como símbolo de preferencia por la muerte antes que la tiranía. César intentó varias veces humillar este gesto y meter propaganda contra la figura de Catón al pueblo romano (escribió el Anti-Cato), pero éste no recibió bien éstas acciones por parte de César que tuvo que aguantarse con la figura heroica y republicana de Catón flotando siempre en el ambiente.

Se le nombró en el 46 a.C. dictador por otros diez años, era la tercera vez que se le daba este cargo (la primera en 49 a.C. y la segunda en 48 a.C.), aunque ésta vez, más años que a nadie en la historia de Roma.
Eran tiempos ardientes, con una Roma que odiaba a los tiranos pero que veía en Julio César la única figura poderosa, con sus rivales muertos o debilitados, que podía traer algo de paz a una República que ya no existía, pero que tampoco se había anunciado eliminar.
César tenía muchos planes para Roma. Biblioteca, monumentos, desviación del Tíber para la construcción, un nuevo teatro más grande que el de Pompeyo etc. Y también planes militares, con la venganza que debía hacerse en Partia por la matanza de Carras, la Dacia y la sumisión de rebeldes en las provincias romanas. Roma recelaba porque creían que quería, sin embargo, trasladar la capital a Alejandría, y proclamarse rey. Todos estos rumores corrían y se exageraban, y César con algunos gestos no ayudaba a su desaparición, como poner una estatua de Cleopatra en el templo de Venus, divinizando así a una reina extranjera, amante suya, y por lo tanto divinizándose a sí mismo. De hecho, en el 45 a.C., el Senado proclamó a César Divus Iulius, lo que quería decir que sería honrado, desde entonces, como un dios.

En el 44 a.C. Antonio le ofreció dos veces la corona de rey, y César había estado dando muchas señales de parecer querer ser un rey, con sus togas púrpuras y botas rojas. Aún con todo, y con el pueblo gruñendo, rechazó dos veces la corona. La confusión reinaba en el Senado y en el pueblo. A César le interesaba el poder, y si podía mantenerlo siendo sólo dictador, lo haría, al fin y al cabo, ya era un dios para muchos, especialmente para las provincias orientales, que estaban más acostumbradas a éste tipo de gobernantes, semidioses, dioses y reyes.
Se le nombró en esa época “dictador vitalicio”, lo que ya era una clara respuesta a la pregunta que todos los romanos se hacían.
Teniendo planes de salir a Partia el 18 de Marzo, y siendo avisado de un complot para asesinarle, tanto por un adivino “ ten cuidado con los idus de Marzo ”, como por varios amigos, César no mostró cobardía o inquietud excesivas y exclamó: “ Prefiero morir a ser temido ”.

El día 15 de Marzo, reunido el Senado en la sala de reuniones del teatro de Pompeyo, con la estatua del citado presente, retirada por César tras Farsalia y vuelta a colocar como acto de su bien conocida clemencia, y habiendo unos juegos convocados en el exterior, bajando de su litera fue acorralado por los conjurados, con el pretexto de hacerle unas peticiones, César los rechazó, y comenzaron a empujarle y presionarle. Mientras preguntaba qué era toda esa violencia a Tilio Cimbro que le cogía por la toga, comenzaron a sacar puñales y le cortaron la garganta, le apuñalaron por la espalda y por todo el cuerpo. Al ver César a Bruto, el hijo de Servilia, que se decía su hijo, se sintió excesivamente conmocionado y replicó: ¿tú también, hijo mío? . Según murió, todos huyeron y el silencio se hizo en Roma.
Pero este asesinato, que simbolizaba la venganza republicana, la eliminación del tirano en Roma, de nuevo un Bruto destruyendo a un rey, como había ocurrido en el pasado, no trajo más que otra guerra civil consigo y más disturbios, así como la muerte total de la República, con la subida al poder de Octavio, el sobrino de César, a quien éste dejó como hijo adoptivo y heredero de su gloria. En su testamento dio un último golpe a la conciencia romana cuando legó sus jardines al lado del Tíber al pueblo de Roma y trescientos sestercios por cabeza. También aparecían en el testamento Décimo Bruto y alguno que le hirió, así como que dejaba las tres cuartas partes de su riqueza a Octavio y la otra a sus otros dos nietos.
Se le hizo una pira funeraria en el Campo de Marte al lado de la tumba de su hija Julia, y se le hizo una capilla de oro, y su imagen con las ropas del día del asesinato. Se le elogió con versos y se le ofrecieron, libremente, dones y homenajes. El elogio fúnebre lo hizo Antonio, exponiendo los títulos y los honores de César y se hizo jurar al pueblo salvaguardar a César.
Tras los funerales, se hizo el caos, y se intentaron quemar las haciendas de Bruto y Casio. Se condenó a los culpables del complot y se les persiguió.
En palabras de Suetonio: “ Casi ninguno de sus asesinos le sobrevivieron más de tres años ni murió de muerte natural. Condenados todos, perecieron cada cual de diferente manera; unos en naufragios, otros en combates, y algunos se clavaron el mismo puñal con que hirieron a César ”.

La vida de César significó el ideal romano basado en la ambición, en el ser el mejor hombre, en el honor y la lealtad, la valentía y la audacia. Esos eran valores del pueblo romano en época de la República que condicionaban las leyes, el sistema, y mucho más allá, el comportamiento de los ciudadanos en general. Por lo menos de aquellos que aspiraban a crecer en poder y popularidad, o en riqueza, aunque todo esto iba de la mano. Pero su muerte significó la consecuencia de la falta de control de la República romana en educar a sus ciudadanos y sus nobles en la competitividad, pues desembocó en el “todo vale”, que ya vivieron con Sila y con capítulos anteriores de su historia, y que eliminó a la misma República tras la muerte de César.
La existencia de Julio César, sus partidarios y sus logros, supuso muchos cambios en el mundo en general, tanto por la repercusión que el poder romano tenía en el mundo conocido, como por la conquista de la Galia, la expedición a Britania, la incursión en Germania, la sumisión de Gallaecia y los paseos militares en época de guerra civil por las provincias africanas, hispanas, Egipto y Grecia. Asimismo, tuvo gran importancia en el mundo de la política de su tiempo y de tiempos posteriores, y aún sirve de lección para los tiempos actuales.
Gran general, habilidoso orador y político nato, así como populista e idealista, cuando la Fortuna estaba de su lado, aprovechado, cuando estaba en su contra, sutil, Cayo Julio César consiguió su poder, que le costó la vida, y su inmortalidad, que se la devolvió.

Caius Julius Caesar, representaciones.

Idus de Marzo

En el 17 a.C. apareció un cometa en el cielo de Roma que Augusto César quiso interpretar como el alma de Julio César que anunciaba una época próspera. La siguiente moneda representa éste hecho.
Augustus – RIC 38b (17 a.C.)
Reverso: Representación del cometa con DIVVS (Divino) y IVLIVS (Julius — Caesar).
Fuente de las notas de ésta imagen: http://www.jp29.org/ric08rs.JPG

BIBLIOGRAFÍA:

SUETONIO, “Divus Julius, De vita duodecim Caesarum”, Libro I, Barcelona, 2004.

MOMMSEN, T. “Historia de Roma, Libro V, Fundación de la monarquía militar”, Turner, Madrid, 1983.

GOLDSWORTHY, A. “Grandes Generales del Ejército Romano”, Ariel, Barcelona, 2005.

HOLLAND, T. “Rubicón, Auge y caída de la República Romana”, Planeta, Barcelona, 2007.

CAESAR, I. “Comentarii De Bello Gallico (Bellum Gallicum)”, Alianza Editorial, Madrid, 2004.

CAESAR, I. “Comentarii De Bello Civili (Bellum Civile)”, Alianza Editorial, Madrid, 2003.

Imágenes públicas sacadas de Internet.

© Artículo propiedad de La Exégesis del Clavo (F.P.M.) para su publicación en PAX CELTÍBERA, 2007.

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: