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LAS MENINAS 29 julio 2007

Posted by paxceltibera in 03.DEL ARTE Y LA CULTURA EN GENERAL.
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LAS MENINAS


Sra. emperatriz Ynfanta de España con sus damas y criados y una enana donde se retrató el pintor a sí mismo pintando


Pocas son las obras de arte que han dado tanto tema como Las meninas, con lo cual no pretendo ni elaborar teorías ni sentar cátedra sobre esta tela de dimensiones colosales.

En los 3,18 x 2,76 m. que ocupa la pintura, Velázquez desplegó con arte una escena a simple vista engañosamente sencilla. La infanta Margarita flanqueda por “las meninas” Isabel Velasco y Agustina Sarmiento. Junto a Agustina Sarmiento, dos enanos, María Bárbola, y Nicolás Pertusato y un perro; hacia el fondo en la semipenumbra, Marcela de Ulloa y un caballero no identificado. A la izquierda de la obra se encuentra el pintor paleta en mano y un fragmento del bastidor con el lienzo en el que se encuentra pintando. La perspectiva fuga hacia una puerta entreabierta en el fondo del cuarto, en donde se encuentra José Nieto de Velázquez, aposentador de la reina.

La habitación es la que Velázquez empleaba como taller en el Alcázar de Madrid. La iluminación del cuarto es realista, provista por las ventanas de la pared a la derecha y tal vez por un juego de espejos que refleja la luz de la galería produciendo la intensa iluminación en la puerta entreabierta. Las obras de arte en las paredes son “Castigo de Minerva a Aracne” de Rubens y Apolo con el fauno Pan de Jordaens. (Apolo vencedor de Marsias, catalogación del Museo del Prado). El último elemento reconocible es un espejo situado en el fondo del cuarto, en donde se reflejan los retratados por el pintor de la corte: Felipe IV y Mariana de Austria.

La pareja real no está incluida en la obra más que por esta referencia.

El cuadro en si mismo presenta este fragmento de habitación en la que la infanta y sus acompañantes presencian a los Reyes posando para Velázquez. Como en un inmenso juego de espejos el artista nos sitúa dentro de la obra colocándonos a los observadores dentro de ese espacio físico, ocupando el lugar de los retratados.

La obra es un diálogo entre los espectadores, los retratados ausentes, las pinturas en las paredes, el cortesano que abre o cierra la puerta de fondo, la infanta y sus acompañantes que observan a los reyes pero que en realidad nos están observando a nosotros, observadores….

Este diálogo ha sido retomado por infinidad de artistas que años más tarde recogieron el guante arrojado por Velázquez. Desde el estudio de Goya a la impertinencia de las últimas intervenciones del arte contemporáneo, las meninas continúan su juego constante.

El canon estético ha sufrido cambios y lo “bello” o el “contenido moral” de la forma ya no son buscados en el arte contemporáneo.
Luego de estas líneas sobre “Las meninas” y a consecuencia de algunas incursiones en imágenes del ukiyo-e fue que nació este breve comentario sobre el canon de la belleza femenina en tres artistas del S XVII.

El concepto de belleza no es una verdad absoluta y es variable según la época y las culturas. El canon estético ha sufrido cambios y lo “bello” o el “contenido moral” de la forma ya no son buscados en el arte contemporáneo.

Escribiendo sobre Velázquez y “Las meninas” me hallé frente a la pregunta de cuál era el concepto de belleza femenina en la España del S XVII. Por benigno que haya sido el hábil pincel velazqueño, fue insuficiente para ocultar la increíble fealdad de las infantas de la corona española. Frente a la gracilidad de las mujeres del período Edo, las infantas adquieren una dimensión de monstruos en exhibición.

Es cierto que el mundo de “las bellas” de las estampas japonesas no es el de la rígida corte española. Las mujeres del “mundo flotante”, el mundo de las geishas en donde imperan la cultura y el refinamiento son mujeres de una realidad ajena a lo cotidiano. Idealización de los valores estimados, dotadas de largos cuellos, finas narices, diminutas bocas y cuerpos estilizados. Las facciones y la proporción de los rostros se alargan compensando el detalle elaborado de los peinados tradicionales. Las bellas no se retratan en “pose”, sino en la realización de mínimos actos. Las damas del “ukiyo” guardan tanta similitud con sus contemporáneas como los japoneses actuales lo hacen con los dibujos del manga y el anime.

Próximo en el siglo, el barroco flamenco Peter Paulus Rubens nos aproxima a otras beldades. No son mujeres de la corte real ni tampoco “cortesanas” en la séptima acepción del RAE, (aquellas señoras que han pecado de exceso de “caritas”). Son representantes de una burguesía acomodada envueltas en ropajes suntuosos, o completamente desprovistas de ellos, mostrando una superabundancia de carnes que hoy día nos llevaría a la consulta médica y al quirófano. No es solo Perseo liberando a una Andrómeda francamente celulítica, sino que hasta el Profeta Daniel rodeado de leones se nos aparece como un candidato digno a la lipoaspiración.

De las obras de Velázquez, son los lienzos conocidos como “La costurera” y “Venus mirándose al espejo”, los que nos muestran mujeres ajenas a la corte en la plenitud de su belleza.

Dedicado a Eyna, quien me preguntó si había leído el libro de Umberto Ecco

Silmarillion.

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