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FUENTES SOBRE LA BATALLA DE TEUTOBURGO. 29 julio 2007

Posted by paxceltibera in 02. DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO.
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Basado en los artículos:

http://www.livius.org/te-tg/teutoburg/teutoburg01.htm
de Jona Lendering y en:
http://www.ancient-times.com/articles/varus/varus2.html

Este artículo fue publicado inicialmente en celtiberia.net

Han llegado hasta nosotros los relatos sobre esta batalla de cuatro autores clásicos. En principio deberíamos cuestionar su valor, dado que ninguno de ellos fue testigo presencial de los hechos que narra, si bien todos parecen utilizar fuentes anteriores que probablemente sí sean contemporáneas de la derrota romana.

El autor más antiguo que trata el desastre del bosque de teutoburgo es Veleyo Patérculo , oficial romano y amigo personal de Tiberio, quien se encontraba como general en activo en Germania en esa época y llegaría a ser emperador en 14 d.C. Patérculo había vivido en la región al este del Rin y conocía a numerosas personas directamente relacionadas con las guerras germanas, incluyendo al adalid germano, Arminio (¿Hermann?) y al comandante supremo romano de la provincia, Publio Quintilio Varo, un miembro de la alta nobleza romana. Patérculo redactó su Historia romana dedicada a Marco Vinicio veinte años después del desastre y, al parecer, se entrevistó con supervivientes del mismo.

A menudo se le suele achacar a Patérculo un punto de vista excesivamente favorable hacia su amigo Tiberio, pero esto no es sino una verdad a medias. Si bien su lealtad para con su antiguo camarada degenera a menudo en obsequiosidad de la peor especie, no deja de ser cierto que se muestra francamente honesto respecto a un punto en especial: la culpa no puede achacarse a los soldados de las tres legiones masacradas, sino únicamente a la inexperiencia de su comandante, Varo. Y esta afirmación no le haría, con toda seguridad, ni pizca de gracia a Tiberio. A Marco Vinicio, a quien está dedicada la obra, tampoco le resultaría muy difícil pensar, en consecuencia, que los verdaderos responsables no eran otros que aquellos que, a su vez, habían investido a Varo de su autoridad, esto es: Augusto y quien fuera por aquel entonces su mano derecha, el propio Tiberio. Este, pariente político de Varo, favorecía habitualmente a la clase noble y se inclinaba a apoyar las opiniones que preferían explicar el desastre en base a la cobardía de los legionarios. La Historia romana de Patérculo convirtió en insostenible la posición inicial del emperador Tiberio.

La única explicación a esta llamada implícita a la responsabilidad de Tiberio debió hallarse en información de primera mano ofrecida por aquellas personas en quien realmente podía confiarse en este tema: los supervivientes del desastre del bosque de teutoburgo. Por ello, el relato de Patérculo debe ser tenido realmente en cuenta.

La segunda fuentes es el historiador romano Cornelio Tácito , cuyos Anales fueron publicados al comienzo del principado de Adriano (117-138) y a los que debemos, por ejemplo, este magistral texto sobre la tragedia:

«No lejos estaba el bosque donde se decía que los restos de Varo y de sus legiones quedaron sin sepultura. A Germánico le vino el deseo de tributar los últimos honores a Varo y a sus soldados. Esta misma conmiseración se extendió a todo el ejército de Germánico, pensando en sus parientes y amigos, en los azares de la guerra y en el destino de los hombres… En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos, y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles. En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones».

Tácito es un autor brillante y, como la mayoría de historiadores griegos y romanos, un moralista. En su opinión, la monarquía del emperador Augusto sentó las bases de un nuevo tipo de política, en la cual las facciones cortesanas se enfrentaban entre sí de manera tan mortal como soterrada. Desde esta perspectiva literaria, su descripción del principado de Tiberio constituye una auténtica pieza maestra (lo que no implica que, históricamente, sea del todo fiable): la todopoderosa madre del emperador, Livia; su ambiciosa nuera, Livila y, finalmente, el siniestro prefecto del pretorio, Sejano, todos ellos implicados en una mortal lucha por el poder.

El único héroe de esta galería de tipos cortesanos es Germánico, el sobrino de Tiberio, retratado como un joven general de éxito que se mantiene alejado de las intrigas palaciegas… Una visión atractiva, pero probablemente incorrecta: Tras la batalla del bosque de teutoburgo, Tiberio dirigió con éxito diversas incursiones de castigo, pero finalmente decidiría abandonar los territorios situados al este del Rin. Las tribus germánicas, abandonadas a su suerte por así decirlo, continuarían divididas y sus continuos enfrentamientos fratricidas harían que mermase su peligrosidad. Germánico continuó las campañas comenzadas por su tío, al parecer y pese a la leyenda, no con demasiado éxito.

En los Anales de Tácito, Germánico y Tiberio son descritos como polos opuestos: el diabólico emperador y el noble príncipe. Su descripción del campo de batalla en teutoburgo es paradigmática en este sentido. El historiador describe cómo Germánico visita el lugar y entierra a los caídos en contraste explícito con la conducta de Tiberio, quien tuvo la oportunidad de hacer lo mismo, pero no cumplió con su deber. Ya que Tácito desea subrayar el carácter pío y valeroso de Germánico, su descripción de la visita a teutoburgo resulta excesivamente larga y de una importancia desproporcionada en el conjunto de la narración,

Con todo, menciona ciertos detalles importantes sobre la batalla y no tenemos razón alguna para suponer que se los haya inventado. Es casi seguro que su fuente de información fue la Historia de las guerras germanas de Plinio el mayor. Sabemos que Plinio, militar él mismo, y con sólidas relaciones en la frontera del Rin, entrevistó a antiguos legionarios que habían sido tomados prisioneros en teutoburgo y que serían liberados por las fuerzas de Plinio entre 50-51.

Nuestra tercera fuente es Publio Anio Floro , un coetáneo de Tácito que publicó su Epítome a la Historia de Tito Livio al final del principado de Adriano. No es que sea una obra maestra de la literatura, pero sin duda ofrece más de lo que el título promete. Tras su extracto de Livio, Floro continúa con relatos sobre las guerras del imperio, que incluyen las campañas germanas de Druso y Varo.

Su descripción de la batalla del bosque de Teutoburgo, estropeada por un exceso de efectos retóricos, ofrece sin embargo dos detalles de lo más interesante: En primer lugar, Floro culpa directamente del desastre al emperador Augusto, lo que nos hace suponer que no se basa en la propaganda imperial para componer su historia. En segundo lugar, afirma que una de las águilas de las legiones (sus estandartes) continuaba perdida, y explica tal hecho mediante una historia sobre un portaestandarte que escondió el objeto en las marismas. Lo interesante de este relato es que el autor griego Crinágoras (c. 70 a. de C. – c. 11 d. de C.) compuso en su momento un poema, recogido en la Antología Palatina sobre un legionario de nombre Arrio que relata este mismo extremo.

Si el incidente fue realmente histórico, nos retrotrae a la experiencia de testigos presenciales romanos, que no podrían saber en aquellos momentos, como sabemos nosotros ahora, que los germanos acabarían encontrando también esa águila. Nosotros sabemos que fue así porque los tres estandartes fueron con el tiempo recuperados por los ejércitos romanos. Según Dión Casio, la última águila habría sido encontrada entre los Chautios en 41. A no ser que nos inclinemos por pensar que Dión no estaba en lo cierto, tan sólo podemos suponer que Floro se basaba en una fuente escrita tras recobrar la segunda águila, pero antes de hacer lo propio con la tercera. En otras palabras: entre 17 y 40.

El autor más reciente, y el más valioso, sobre este tema es Dión Casio (164 – c. 235), griego de nacimiento y romano de convicción, y uno de los grandes historiadores de la antigüedad. Nombrado senador durante el principado de Cómodo, fue cónsul bajo Septimio Severo (204), sirvió como gobernador en Africa y Panonia Superior y alcanzó la rara distinción de un segundo consulado, junto con el emperador Alejandro Severo (229). Dión comenzó su carrera literaria alrededor de 190 y escribió su Historia romana entre 211-233.

Aunque el estilo de Dión sea mucho más pobre que el de Tácito, le supera como historiador, y esto nos causa un problema: Leyó mucho sobre el tema, tenía sus propias opiniones al respecto y, como consecuencia, nos presenta un relato sumamente original que hace uso de toda la información posible lo que, a su vez, a nosotros nos imposibilita discernir cuáles hayan podido ser sus fuentes.

Sabemos, eso sí, que Dión era muy cuidadoso con las mismas, y las elegía con sumo cuidado. Por ejemplo, su relato sobre las campañas de Julio César en las Galias permanece básicamente fiel a la historia original, alejándose, cuando tiene motivo para ello, de la propaganda de César. Podemos, por lo tanto, considerarle como una fuente fiable a la hora de evaluar su narración sobre la batalla del bosque de teutoburgo.

Y, por otra parte, debemos tener en cuenta que, probablemente, Dión tratara sus fuentes con una cierta dosis de prejuicios. Así, por ejemplo, y al igual que para muchos autores clásicos, para Dión los germanos no eran sino una serie de tribus bárbaras que moraban en los confines de la tierra. En su obra menciona montañas, precipicios y bosques impenetrables… sin embargo, recientemente el campo de batalla se ha descubierto cerca de Osnabrück, donde no existen ni montañas, ni precipicios. Y puede que existiera un gran bosque en el pasado, pero no era en absoluto impenetrable, ya que existía un poblado a no mucha distancia de las actuales excavaciones. Con todo, Dión es un autor básicamente fiable.

A modo de primeras conclusiones

Leíamos en la primera parte de este artículo cómo existen cuatro fuentes sobre la batalla del Bosque de Teutoburgo:

– Veleyo Patérculo, varios de cuyos amigos perecieron en la batalla, había visitado la región en diversas ocasiones y tuvo la oportunidad de interrogar a los supervivientes.

– Tácito, que se basó en la Historia de las guerras germanas de Plinio el Viejo, quien a su vez había liberado personalmente a varios supervivientes.

– Floro, quien parece seguir una fuente escrita entre 17 y 40, cuando el recuerdo de la batalla seguía fresco y la verdad era difícilmente manipulable.

– La fuente original de Dión Casio continúa siéndonos desconocida, si bien sabemos que este historiador recurría habitualmente a informaciones contemporáneas de los hechos que narraba, sometiéndolas a una crítica rigurosa.

Desde luego, existen entre ellos discrepancias y errores, como era de esperar. El general Publio Quintillo Varo se había suicidado y los miembros de su estado mayor o bien murieron directamente en combate o fueron poco más tarde sacrificados en los altares de los dioses germanos. Los únicos supervivientes eran legionarios comunes, hombres valientes, pero carentes de la perspectiva general sobre aquellos hechos. Sus discrepancias revelan las distintas posiciones que ocuparon a lo largo de aquella batalla caótica y resultan, de hecho, una prueba convincente de que los autores no están repitiendo sin más la propaganda imperial al uso.

Por otra parte, ningún autor clásico podría resistirse a la tentación de añadir pinceladas “de color” a su historia. El relato de una derrota militar acaecida en un país lejano se vería siempre adornado de manera inevitable con las descripciones al uso de inmensos bosques y arboledas sagradas debido a que los autores griegos y romanos estaban obsesionados con la idea de los bosques en el confín de la tierra y su concepto preestablecido de los bárbaros como “gentes que moran en bosques y montañas”. Por todo ello, no podemos esperar una descripción precisa de la batalla. Otra razón más reside en que los soldados no sabían exactamente dónde se encontraban y qué estaba pasando y no pueden haber informado a autores como Veleyo Patérculo o Plinio el Viejo acerca de la localización exacta del bosque de Teutoburgo. Para ellos se trataba de un bosque, ¡sin más!

Con todo, podemos dar como básicamente correcta la siguiente información extraída de las fuentes que han llegado hasta nosotros:

– La batalla tuvo lugar el año 9, probablemente en septiembre.

– El lugar concreto se denominaba saltus Teutoburgiensis. El segundo elemento del nombre es una palabra germánica (teut significa “gente”, burg significa “fortaleza”). El primer elemento, saltus se traduce habitualmente como “bosque”, pero también podría significar “desfiladero” o “lugar estrecho”.

– Existían marismas en las cercanías, y los ríos Ems y Lippe nacen no lejos de allí.

– Para la defensa de Germania, Varo disponía en aquellos momentos de las tres legiones veteranas citadas (5.000 hombres cada una), de dos alas romanas y otra gala de caballería (500 hombres cada una), así como de seis cohortes auxiliares de infantería local o gala (con una fuerza nominal de 500 hombres cada una). Con la excepción de las cohortes auxiliares y de pequeñas formaciones dejadas atrás como guarnición, todos ellos tomaron parte en la batalla, pereciendo en su mayoría. (Parte de las cohortes auxiliares estuvieron, sin duda, implicadas en la rebelión.)

Dos de los prefectos de las legiones eran Lucio Egio y Ceión. La caballería estaba bajo el mando del prefecto C. Numonio Vala.

– Los germanos aniquilaron las tres legiones. Tácito menciona que la decimonovena perdió su estandarte (su “águila”) y conocemos una inscripción, hallada en 1630, referida a un oficial de la decimoctava muerto en combate. Ambas legiones desaparecieron de la lista después de ese año 9. Podemos deducir que la tercera legión probablemente fuera la decimoséptima.

– Los germanos también acabaron con las tres unidades (“alae”) de caballería. (Hecho tan sólo mencionado por Veleyo Patérculo.)

– Los caudillos germanos eran Arminio (¿Erminameraz?, ¿Hermann?) y su padre Segimero (¿Siegmar?). Su victoria se debió a que Varo seguía confiando en ellos, a pesar del informe del querusco Segestes, el suegro de Arminio, sobre su proyectada rebelión. (Según Tácito, Segestes desaprobaba el matrimonio de su hija Thusnelda con Arminio y mantenía con él una fuerte enemistad. Esta enemistad sería, años más tarde, la causa de la caída de Arminio.)

– En la batalla participaron diversas tribus germanas, pero sólo podemos estar seguros acerca de los queruscos, brúcteros y marsios. La presencia de la primera de estas tribus se deduce del hecho de que tanto Arminio como Segimero pertenecían a la misma. La presencia de los brúcteros, del hecho de haberse encontrado posteriormente uno de los estandartes perdidos en su territorio.

– Según Dión Casio, otro estandarte se encontraría en territorio chautio en 40, lo que sugeriría que también esta tribu estuvo involucrada. Desafortunadamente, la mayoría de los manuscritos de Dión dan otro nombre maurousios y los kauchoi tan sólo se mencionan en un manuscrito hoy día perdido, pero sobre el que escribió el erudito del s. XVI Johann Löwenklau. Por ello, la presencia de los chautios es posible, pero no completamente probada.

– Otras tribus germanas se unieron al alzamiento tras la batalla, pero sabemos que al menos una tribu, los marcomanos, permanecerían neutrales durante todo este período.

– El plan de los germanos consistió en hacer salir a las fuerzas romanas de sus fortificaciones, atrayéndolas hacia una emboscada en un tipo de territorio que favorecía su tipo de tácticas. Al mismo tiempo, otras tribus atacaban los fuertes romanos al norte del Rin.

– Tres autores (Patérculo, Floro, Dión) convienen en que la causa de la revuelta germana fueron los impuestos exigidos por el gobernador romano, Varo.

Robert Graves , en su excelente novela Yo, Claudio nos narra el fin de Arminio (Hermann) siguiendo el relato de los Anales de Tácito:

“Hermann no murió en combate. Cuando Maroboduo [Marbod] se vio obligado a huir del país, Hermann creyó que tenía el camino libre para ser rey de todas las tribus de Germania. Pero se equivocaba. Ni siquiera pudo llegar a ser monarca de su propia tribu, que era una tribu libre, en la que el jefe no tenía poderes de mando, sino sólo de dirigente y asesor, y se veía obligado a convencer a sus hombres de lo que quería que hiciesen. Un día, un año o dos más tarde, trató de dictar órdenes como un rey. Su familia, que hasta entonces le había mostrado gran cariño, se escandalizó a tal punto, que, sin discutir la cosa entre sí, se precipitó sobre él con sus armas y lo despedazó. Tenía treinta y siete años cuando murió, habiendo nacido un año antes que mi hermano Germánico, su mayor enemigo.”

Más sobre Arminio y los queruscos (en inglés):
http://www.runestone.org/armin.html

Hartza.

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